El incendio de 1900 ...y el “milagro” de su total olvido
Si alguna contrariedad grave podía presentárseles a las fábricas de tabacos, sin dejar espacio para la duda, esa era la del fuego. La aparición de un incendio podía suponer la ruina a futuro y el irreversible dolor de la muerte de muchas personas.
Podía ser la ruina, porque, si acaso el edificio acababa sus días útiles como una irrecuperable escombrera, no sólo era una ruina para la Compañía Arrendataria de Tabacos, sino que, también, supondría la ruina económica y financiera de las familias y de las ciudades donde se encontraba esa factoría. Las pérdidas económicas por la materia prima de las hojas del tabaco, el inmueble y sus pertenencias, fueran máquinas, instalaciones o mobiliario, podían ser minoradas gracias a las coberturas de las aseguradoras. Otra cuestión era, el que podía quedar en suspense la decisión a posteriori de los accionistas: o reconstruir, o trasladar a nueva construcción en otra ciudad y provincia.
Y esto último sí que sería grave porque las economías y finanzas particulares de las familias y de los comerciantes de esa ciudad se verían gravemente mermadas. La reconstrucción podría resultarles un agobio temporal, pero, esperanzador por la pronta recuperación de los puestos de trabajo y de los jornales. La otra pérdida irrecuperable era la de las vidas humanas que pudieran acabar arrebatadas por las inclementes llamas.
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| Reportaje del incendio de la Fábrica de Tabacos de Madrid, publicado por La Ilustración Española y Americana - 15/11/1890 |
Raro fue la fábrica que no acabara sufriendo un siniestro por incendio. Repasando la prensa nacional y las publicaciones de la propia empresa, de Cádiz, San Sebastián, Tarragona, Gijón y Bilbao, no se tienen referencia de incendios; por el contrario, Sevilla lo padeció en 1902, A Coruña en 1896 y 1920, Valencia en 1895, Santander en 1916 y 1925, Madrid en 1890 y 1905, Logroño en 1944, Málaga en 1993 y Alicante en 1844 y 1900. Como se puede comprobar, en algunas, la mala suerte repitió presencia y, en otras, se esperó a la llegada de cierta modernidad.
Referir la modernidad viene a propósito de incidir en que, los peores y más graves incendios, se dieron en el siglo XIX y en el primer tercio del XX, lo que hacía tremendamente evidente que los medios contra incendios de nuestras ciudades eran escasos y que se mantenían con cierto retardo tecnológico. En cuando a los medios, las redes municipalizadas del suministro público de aguas tenían mucho que ver. Y si por desgraciada extensión en los recursos técnicos, la pericia o la capacidad decisoria de los profesionales que dirigían los trabajos de extinción se tornaban en clara impericia o incapacidad e ineptitud, la cosa se agravaba y la tragedia podía magnificarse en grado superior.
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| Reseña y grabado publicados en la revista Nuevo Mundo - 15/08/1895 |
Tomando como referencia nuestro incendio de mayo de 1844, los trabajos de extinción en aquel momento se concentraban más en la dispersión de los posibles elementos que alimentaran el fuego que en el uso extensivo y abundante del agua. Nicasio Camilo Jover, en su Reseña Histórica de la Ciudad de Alicante de 1863, describe los ímprobos esfuerzos del ingeniero municipal, primero, y de todo el cuadro de ingenieros y de primeras autoridades, en conjunto, por controlar aquella pira en la que se habían convertido los almacenes y naves incendiados, llegándose incluso a echar mano de los disparos de cañón sin lograr sofocar el incendio. Cinco días permaneció activo aquel incendio y no dejó en píe ni una sola de las paredes afectadas en ese perímetro.
Y si acaso resultaron escasos los medios y los recursos municipales, muy a la zaga le estuvieron los propios de la Compañía Arrendataria en esa misma escasez; y de similar modo, ocurría otro tanto en el resto de fábricas. El peligro y el riesgo siguieron estando presentes durante mucho tiempo, de ahí el que algunas factorías repitieran la grave experiencia. De hecho, en Alicante sufrimos dos conatos menores en julio de 1876 y en febrero de 1877. En el primero, ardieron unas tupidas cortinas y unos cuantos sacos de labores ya manufacturadas creando tal alarma que, por el sobresalto y el terror causado por la historia precedente en 1844, dos cigarreras fallecieron por el síncope sufrido. Algunas más tuvieron que guardar reposo durante unos pocos días.
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| Incendio en la factoría de Santander, de la publicación La Hormiga de Oro - 16/04/1925 |
Entrados en el siglo XX, resulta curioso leer en la prensa alicantina el cómo de dificultoso, todavía en aquel segundo incendio del 26 de septiembre de 1900, lo tuvieron los bomberos municipales para desplazarse por las calles de Alfonso el Sabio y San Vicente totalmente embarradas. Aquella noche llovía y los días anteriores también llovió, pero, la lógica preocupación y la malsana curiosidad no encontraron por ello impedimento alguno para todo aquel gran gentío que resolvió acercarse hasta las inmediaciones de la fábrica y observar en primerísima fila el siniestro. Tal era el barrizal y tantos los espectadores que en la entrada principal de la fábrica se agolpaban, que la arqueta que daba acceso a la boca de riego no aparecía por ningún lado. Localizada finalmente y empotrada en ella la preceptiva manguera, el efecto sofocante fue inmediato. La potencia del caño de agua y la habilidad de los bomberos en su manejo fueron esenciales. Tres bombas móviles contra incendios complementaron la acción.
Junto a los bomberos y a los empleados de la fábrica intervinieron más de un centenar de voluntariosos vecinos y, 190 efectivos de Infantería, bien pertrechados y armados, fueron desplazados hasta allí para crear cordones de vigilancia y de seguridad para proteger los bienes de la Compañía Arrendataria. Municipales y policías se aprestaron también a personarse y a ponerse a las órdenes del alcalde y otras autoridades. Se usaron algo más de 500 pozales traídos al efecto, que alimentaron de agua a las tres bombas impulsoras acarreándola mediante una cadena humana desde la fuente de la propia fábrica. También se tiró mano del depósito de agua para las máquinas y, a pesar de que no queda muy clara la posible localización, se nombra otra boca de riego en la Calle de la Fábrica.
Pese a todo, en el relato del “debe”, el reportero hizo hincapié en la falta de medios y de recursos disponibles ante estas desgracias. La siguiente boca de riego más próxima al inmueble quedaba en la calle San Vicente. La descripción del volumen alcanzado por las llamas habla de que “alumbraban la fortaleza de Santa Bárbara que surgía rojiza en el fondo del cuadro”. Ante aquel infernal cuadro, incluidas las campanas de la Concatedral de San Nicolás tocando a alarmante rebato, la voz popular hizo correr como la pólvora el que “medio Alicante estaba ardiendo”.
El incendio se inició sobre las nueve y cuarto de la noche del día 26 y se consiguió controlar tras tres horas de denodados esfuerzos. Amanecido el día 27 sólo quedaban en la zona unos 50 infantes con sus suboficiales que protegían las instalaciones de posibles saqueos. A las siete de la mañana, volvieron a su acuartelamiento. No hubo fallecimientos ni heridos de consideración y aunque, tras la enorme alarma pareciera que la gravedad económica pudiera haber sido mayor, los daños resultantes fueron menos de los esperados. Las pérdidas consistieron “en 773 cajones de cigarrillos de 0,35, labor retirada desde el año 1888 procedentes de Palma de Mallorca y varias labores antiguas retiradas de la venta, 115 mesas de talleres procedentes la mayor parte de la fábrica de Sevilla, 78 fardos de tabaco, 3 barriles de grasa, gran número de arpilleras de tercio procedentes de embalar tabaco y trozos de madera”
“En conjunto, las pérdidas se elevan a 75.000 o 100.000 pesetas, contando las paredes derribadas y la parte incendiada que se encontraba en estado ruinoso”. Los daños en el taller del desvenado y el de cigarrillos superiores, tuvieron escasa repercusión. El mismo día 27, sólo autorizadas las maestras y las barrenderas para el acceso al interior de la fábrica, se afanaban febrilmente en el arreglo y en la limpieza de los talleres. Los empleados administrativos también tuvieron que hacer frente a trabajos extraordinarios poniendo en orden todo lo necesario para la reanudación de los trabajos de las cigarreras.
A los pocos días, la prensa alicantina, para enorme gozo de la Compañía Arrendataria y de los comercios de Alicante, daba detallada noticia de que los daños resultantes estaban totalmente cubiertos por la aseguradora La Unión y el Fénix Español. En esta ocasión, las cigarreras volvieron al trabajo sin tanto detrimento ni dolo para sus jornales. El parón productivo fue corto.
Pese a tan grata noticia, las redacciones de los diarios locales, recogieron durante un buen tiempo la mucha “cháchara” que soltaron los señores concejales municipales en el intento de acordar nuevos, mejores y más efectivos medios para la extinción de incendios. Trataron también sobre la aprobación de propuestas para autorizar cuerpos voluntarios de bomberos, siendo el más llamativo el que pretendía ponerse por nombre, los “Camisetas Rojas”. Pero al final, y como venía y viene siendo costumbre en la Terreta, la palabrería y las iniciativas fueron perdiendo fuelle y si en algo se vieron mejorados los medios y los recursos existentes, ya fue más que de agradecer.
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| La Fábrica de Tabacos de Logroño padeció un incendio de cierta consideración en el año 1944. Ese mismo edificio acoge hoy al Parlamento de La Rioja. Foto Emilio Palacios. |
De las actuaciones y riesgos asumidos durante el incendio, los parabienes y las felicitaciones a quienes organizaron y dieron órdenes no quedaron exentos de aparecer en prensa y como costumbre de ser bien agradecidas, las cigarreras propusieron homenajes y regalos. En lo humano y mundano, las felicitaciones se dieron para el señor alcalde, el arquitecto e ingenieros municipales, el administrador jefe de la fábrica, el alcalde pedáneo de San Antón y para un largo e inacabable listado de entre todos aquellos aguerridos voluntarios que salvaron su pan diario y su futuro. En lo divino ...y como era de esperar, se gestionaron los permisos para una misa solemne en el monasterio de la Santa Faz a la que no le faltaría ni su rogativa pública, ni su romería y festejo.
El acto religioso se celebraría el domingo, día 4 de noviembre, y quedó recogido en prensa de una forma muy curiosa porque acabó publicándose en la sección de sucesos dado el que en medio del desarrollo de la misa, dos mocetones de 21 y 24 años, sin razón esclarecida por la gacetilla, armaron un buen escándalo al proferir a voz en grito, repetidos y malsonantes insultos. Hubo de intervenir la fuerza pública, que los detuvo y los puso a disposición de lo que designara el juzgado de instrucción.
Del siniestro como noticia escrita, destaca el minucioso detalle con el que lo publicara el diario La Correspondencia de Alicante el día 27 de septiembre. Y destaca porque los detalles y vericuetos sobre la Fábrica y su edificio, más parecían estar ofrecidos por un gran conocedor de la misma, que por un reportero. Desde el mismo diario, ya era habitual el que se dieran noticias de un disciplinado y metódico joven colaborador que venía de dirigir el noticiero oriolano La Lira, se trataba de Nazario Martínez Limorte.
El detallado artículo en La Correspondencia no venía firmado, pero, el análisis por su autoría acaba cogiendo cuerpo cuando el día 30, también de septiembre, la noticia -aunque bastante más reducida- se recoge en Alicante Alegre y ahí sí, Martínez Limorte, lo firma resaltando el hecho de que él fue testigo presencial de lo acontecido en aquella aciaga noche. En cuanto a la condición laboral del firmante, desde el mes de agosto ya detentaba por oposición una plaza de auxiliar contable en la Compañía Arrendataria de Tabacos a la espera de cubrir su primer destino en Cádiz.
A este buen hombre, con la Fábrica de Tabacos de Alicante y con aquel incendio, parece como que se le apareció la Virgen ...entendiéndose la frase como de suerte, porque consiguió labrarse en la Tabacalera un muy relevante futuro profesional y personal: en 1904 le fue concedida la plaza en Alicante, en 1910 ascendió a Oficial, dirigió una academia profesional que preparaba a los opositores al Cuerpo de Contabilidad de la Compañía Arrendataria de Tabacos, publicó un aplaudido libro especializado en la materia, entre 1925 y 1929 ocupó una concejalía en la Junta de Gobierno municipal y en 1934, fue nombrado Interventor Jefe de la Fábrica de Tabacos de Alicante... pues eso, que a este buen hombre lo amadrinó la Virgen cuando aprobó sus primeras oposiciones.
Y ya que estamos mentando la milagrería, como en toda buena historia de grandes desastres y escasos daños que se precie, un toque prodigioso de lo omnipotente y celestial siempre le aporta un mejor adorno (1). En las labores de desescombro, de entre aquellas embarradas ruinas -la lluvia había continuado persistente- los operarios en aquella tarea rescataron una imagen de San Antonio de Padua, toda ella bellamente ornamentada, de plata maciza y de 12 centímetros de altura. La encontraron en el interior de un estuche también ornamentado y de plata, y ambos totalmente intactos ...en ellos no habían hecho mella las devastadoras llamas. De la cuestión de la imagen inmaculadamente rescatada poco más se pudo "novelar" y rápidamente pasó de la noticia al olvido.
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| Algo así debieron de encontrar los trabajadores del desescombro según se recogió en la prensa del momento. |
En esta ocasión, ...y en aquel otro conato de incendio que se cobrara la vida de dos cigarreras, ...y en el de la desgraciada espantada en que fueron quince las mujeres que murieron por aplastamiento (2), la Historia no refirió, ni prodigó más milagros para la exaltación y la conmemoración en estas lides de las efemérides. El protagonismo se lo llevó por entero el incendio del 20 de mayo de 1844.
De la prensa local:
de entre los meses de septiembre a noviembre de 1900, se ha consultado en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica las publicaciones La Correspondencia de Alicante, La Unión Democrática, El Graduador, El Correo y La Atalaya.
De la prensa nacional:
(1) El Español, 02-10-1900 y El Diario Español, 03-10-1900
(2) El Clamor Público, 23-07-1854







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