viernes, 30 de enero de 2026

0-45 Cigarreros, tabacaleros y tabaqueros (2 de 2)

 

Habiendo tratado la sufrida polémica de la reclamación de 1731 de los cigarreros sevillanos por los “más altos” ingresos de las elaborantas gaditanas, publicado en 2022 por la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, podemos disfrutar de un excelente trabajo realizado por Lola Pons Rodríguez, de la Universidad de Sevilla, que versa sobre el estudio de una carta del siglo XVIII que consta en los fondos documentales del Archivo Histórico Provincial de Sevilla, referida como una reclamación laboral de un veterano cigarrero frente a las “nuevas” maneras que se imponen desde la gerencia y gestión de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla.

Por si alguien concluyera que el año 2022 es una fecha temprana como para haber dispuesto de este documento para las investigaciones y proyectos que antes mencioné, la autora recoge en su trabajo que el documento, en 1984, ya fuera motivo de investigación, publicación y reproducción modernizada del uso de su castellano antiguo, precisamente, por José Manuel Rodríguez Gordillo. En lo que Lola Pons centra su trabajo ...sobre todo, es en la interpretación del contexto y de la situación temporal como testimonio de la conflictividad laboral en el seno de la Fábrica de Sevilla.

El documento llega a nuestros días anónimo y sin una fecha concreta que pueda situarlo perfectamente en su tiempo. En su encabezamiento, y nombrándosele como receptor de la carta, aparece un “Remítase al señor Barreda para que aga el usso que le parezca” que redirige la datación a mediados del siglo XVIII ya que son dos señores Barreda los que aparecen en otros documentos del fondo histórico de la fábrica. Ambos actuaron como administradores precisamente en época de cambios para las modas de consumo.

Recuerden amigos lectores que esto mismo pasara con la elección, masiva presencia y posterior declive de las elaborantas.




Mediado el siglo XVIII, el uso del cigarro grande pasa a ser desestimado en favor del de tamaño mediano y pequeño. Crece el consumo y el cigarro de calidad y de precio no es asequible para todas las clases sociales; se aumenta la producción en extensión, se recortan esfuerzos en el tamaño y la calidad, y la necesidad de mano de obra se incrementa. El número de cigarreros dedicados a la manufactura del tabaco de fuma o de humo, según la queja del anónimo y veterano empleado, en poco tiempo ha pasado de 60 hacedores a 200. La necesidad del mercado ha triplicado el número de trabajadores a destajo.

Y en eso radica la queja: por el reparto de la faena que ahora se está haciendo y por los perjuicios que ello causa a los jornales del trabajador de antiguo de la fábrica. Al darse mayor número de hacedores, la consigna a fabricar se alcanza antes y esos días de producción y de jornal disminuyen a tres días a la semana como mucho. Los ingresos empiezan a flaquear, se empiezan a dar penalidades en las familias que viven de este trabajo y hasta se llega a la mendicidad para subsistir.

También la queja alcanza a poner en duda la equidad del proceso de reparto del trabajo, señalando la existencia de privilegiados que tienen trabajo de continuo y, en cierto modo, la misma queja avisa sobre la posibilidad de que el uso descarado del favoritismo que hace el administrador acabe en agravios y padecimientos, dando a entender posibles disturbios. Y recuerda que esta situación, que no es nueva, sí estuvo resolviéndose por “quantos Administradores abido de quarenta a sinquenta años a esta parte lo an arreglado”

Esta cuestión la ilustraría Rodríguez Gordillo en el año 2005, escribiendo: «Todo hace pensar que, durante muchos años, sólo un reducido número de estos trabajadores –por lo general, los más cualificados o de mayor experiencia– tenía su empleo garantizado en cada jornada; los restantes, en especial los que más alternaban en número y en días de asistencia a la fábrica [...] eran contratados a diario en función de las necesidades de la producción. Para ello se utilizaba el procedimiento de “listas redondas”, es decir, aquel según el cual se iniciaba la contratación justo por el jornalero o peón siguiente al último admitido al trabajo en la jornada precedente»



Personal masculino ...tabacaleros, de la Fábrica de Tabacos de Cádiz. Primeras décadas del siglo XX - Fondos documentales de la Fábrica de Tabacos de Cádiz


En la manufactura del tabaco de fuma, la contrata de estos trabajadores era semanal e inicialmente, el cobro también. La producción diaria de cada cigarrero era inspeccionada y revisada ésta, se recalculaban los adeudos en jornales y se les finiquitaba en la quincena inmediata. Quienes se encargaban de la gestión administrativa y gerencia en las fábricas, por contra, eran empleados asalariados en contrato fijo y remunerados mensualmente. En la parte opuesta quedaban los cigarreros de la fabricación de rapé ...o de polvos, que se les contrataba y pagaba por jornada diaria.

Estudiada la intencionalidad de la queja y estudiado el contexto histórico y temporal, de aquel tiempo en el que la persona del cigarrero fue la del primer y más presente empleado en la industria tabaquera de Sevilla, la autora del estudio, Lola Pons, acaba reconociendo los mismos sesgos en la inquietud reivindicativa obrera, tanto en los trabajadores de entonces, como en los de ahora.

También en 1731 y para con las elaborantas de Cádiz, aquellos torcedores/hacedores, aquellos cigarreros sevillanos reclamaron ante el rey por la reducción de los salarios. Reclamaron aquellos como hoy lo hacen los obreros y las obreras que no les alcanza la nómina para poder llevar la digna subsistencia que debiera de reconocérseles por el fruto de su esfuerzo y trabajo. La lucha era y es siempre contra los gestores. 

 


Encierro y resistencia frente a sanciones y despidos llevados a término en la Fábrica de Tabacos de Cádiz, año 1988. Tras las medidas de presión, que duraron lo suyo y que fueron duras, todo fue revocado por la magistratura y la "paz social" retornó a la normalidad. Fotografía realizada por Joaquín Hernández Kiki (@kikifotógrafo) 



La prensa, el mito y el verbo popular en la figura de los cigarreros.


De la existencia histórica de los cigarreros no sólo se nutren los datos de los documentos archivados en cada fábrica, también la hemeroteca digital de la prensa histórica es una fuente fidedigna que recoge su existencia y sus reivindicaciones. A modo de breve muestra, El Clamor Popular, de 06-05-1848, nos dice sobre la plantilla masculina de la Fábrica de Sevilla que, entre 1764 y 1768, los cigarreros fueron 1.500, que trabajaban 109 molinos en los que se empleaban 350 caballos y que los torcedores eran solo 150. Para la fecha de la publicación, solo quedaban 170 jornaleros hombres para las faenas generales de las tres fábricas: en la de rapé, en la de polvo y en la de cigarros. Que otros 500 eran operarios de fabricación: 400 en los cigarros y 100 en los cigarrillos de papel, y que las elaborantas, en 1848, ya son 4.100.



"Cigarreras de Sevilla", obra del estadounidense Walter Gay, 1895


El Clamor de la patria en julio de 1878 y El Imparcial, en enero de 1879, recogen pequeños sueltos que hablan de la conflictividad con los cigarreros en la fábrica de Bilbao.  Y en Alicante, y con la crónica THE TIMES de un viajero romántico inglés que nos visitó en octubre de 1875, el relato que se nos deja sobre los cigarreros es muy descriptivo. De cómo de “exóticos” le resultaron ellos también, tras pasar por los talleres de cigarreras, de ese momento de la visita nos cuenta:

Espectáculo digno de estudio es el que presentan las cuadras en el piso bajo, 24 hombres desnudos de cintura arriba, con el cutis, barba y cabello empolvados, que trituran la hoja y la limpian a través de cribas de hierro, ganando de 16 a 20 reales diarios. Como ejemplo debe citarse el de un hombre que ha trabajado aquí 24 años y que dice encuentra saludable su faena. Estos hombres, atendida la ruda naturaleza de la obra, trabajan pocas horas”.

La traducción es del diario El Constitucional, publicada por entregas los días 2, 3 y 4 de diciembre de 1875.

En cuanto al mito, si a las cigarreras les cayó el de mujeres raciales, guapas y altaneras de mucho genio, a los cigarreros les tocó el de folloneros, levantiscos y gente perdida. Cigarrero llegó a acuñarse como adjetivo para todos los individuos que se unían a alzamientos y broncas contra todo estamento gubernamental. Facinerosos y maleantes de raro pelaje, así como de oficio de contrabandista del Campo de Gibraltar, también fueron apelativos empleados durante el siglo XIX como sinónimos al uso (1).

En cierto modo no les quedaba tan mal el calificativo porque en las décadas de los 70 y 80 de ese siglo, los cigarreros de Portugal, Francia, Holanda, Alemania, Estados Unidos de Norte América y de Cuba, siguiendo criterios reivindicativos de la 1ª Internacional, reclamaron muy enérgicamente mejoras laborales y salariales. Movilizaciones y huelgas estaban a la orden del día.




Entrada de fardos de tabaco en los almacenes de la Fábrica de Tabacos de Cádiz. Primeras décadas del siglo XX - Fondos documentales de la Fábrica de Tabacos de Cádiz


De entre esa acción del enrollado del cigarro y la del sujeto follonero y puñetero, el mundo científico tuvo a bien el darle nombre de cigarrero a un insecto parasitario de los viñedos. El Cigarrero de la vid es un pequeño escarabajo que se alimenta de las yemas y de los brotes tiernos de la vid. Su hembra pliega las hojas en forma de cigarro para depositar sus huevos en ese arrollado (2). Su periodo más activo es en primavera, estación en la que ya se sabe: “...la sangre altera”

Y continuando en el aportar anecdotario sobre el mito del cigarrero follonero y ¡por qué no!, también racial y con casta, en la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo siguiente, la prensa especializada en la tauromaquia y los ganaderos, usaban “cigarrero” para indicar características morfológicas de la res: bravía y de pelaje espeso con color negro intenso y una presencia imponente. Muchos fueron los hierros que dieron ese nombre... “Cigarrero”, a los toros seleccionados para la lidia. Algunos toreros y picadores, también diéranse por apodarse artísticamente así (3).

No pudiendo ser de otro modo, la prensa política y sus plumillas acabaron contagiados por ese uso e hicieron moda en sus redacciones de comparar las actitudes y los discursos de nuestros próceres con las faenas taurinas y los placeres del buen fumar. La chanza y la pulla taurinas eran continuas en las broncas parlamentarias. Y la moda ¡duró!         

 Como gentilicio, cigarrero es el nacido en Puebla del Río, municipio de Sevilla. La propia Sevilla... “la perla de Andalucía”, como ciudad dio tal nombre a una calle y a un espacio: Calle Cigarrero y Huerto de El Cigarrero. Y hasta en el mundo artístico alcanzó fama y relumbre como pieza música vocal en los espectáculos y recitales de canción española y de zarzuela, una composición bautizada como “El cigarrero” (4).

Tomando ya una corta carrerilla para cerrar esta crónica, no estaría de más el recordar que el uso coloquial y popular de “cigarrero” para tiempos posteriores a los del operario dedicado a la fabricación de cigarros, acabó siendo para designar a quien vendía cigarrillos. A su vez, con la extendida costumbre de nombrar a las fábricas como “las tabacaleras” locales, “tabacalero” fue calando socialmente como el genérico para el oficio de los hombres en la Tabacalera.



El asturiano Ramón Cifuentes Llanos que, en su condición de emigrante a Cuba, tuvo la suerte de adquirir el ingenio tabaquero de la Fábrica de Tabacos de Partagás y partiendo de ella, construirse todo un emporio bajo la afamada marca PARTAGÁS - Del blog "Coleccionista de vitolas de puros", por Juan Alberto Berni González


Y al propietario de los ingenios tabaqueros ...las fábricas, o de las plantaciones de tabaco, se le reservó el uso de “tabaquero” y en algunos casos, para con los que hicieron fortuna con la planta “Nicotiana tabacum” en las tierras del Sur y de Centroamérica y el Caribe, siendo nombrados como “cigarreros”, se indicaba su condición de indianos adinerados.


Nos llamaran cigarreros, hacedores o tabacaleros, la cuestión es que estar presentes en la historia de la industria manufacturera del tabaco, lo estuvimos ...y lo estamos y que, también nuestras reivindicaciones obreras y sociales, las afrontamos con igual racialidad y fuerza que las mitificadas cigarreras.



Manifestaciones en Logroño por el cierre de su fábrica en 2016 - Prensa Agencia EFE 




Fuentes consultadas y documentación:

  • “Ni gornal ni salario” Presentación y estudio de una queja laboral andaluza del siglo XVIII, por Lola Pons Rodríguez, 2022 – Universidad de Sevilla
  • Hemeroteca Virtual de la Prensa Histórica
  • Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España
  • Ramón Cifuentes: del blog "Coleccionista de vitolas de puros" de Juan Alberto Berni González
    • (1) Fray Gerundio, Boletín de noticias – El Comercio, ambos de fecha 24-05-1842; El Católico (Madrid), de 06-10-1843 …y otros
    • (2) Gaceta Agrícola del Ministerio de Fomento, 07-09-1879
    • (3)  La Época, 05-04-1849; El Globo, 25-10-1875 …y otros
    • (4) Diario Oficial de Avisos de Madrid, 10-04-1830; El Orden, 16-03-1852; El Gobierno, 03-06-1865 …y otros 

 


0-44 Cigarreros, tabacaleros y tabaqueros (1 de 2)

 

¡Ea!, ya parece que tocaba y qué menos que se les merecieran también a ellos unas pocas líneas ¿no? Pues, tras ese primer modismo coloquial, pongámonos a ello, pero, no arrancando con una simple definición, sino partiendo -...las líneas- de la controversia que más se gusta de usar y de manir en los trabajos que sobre la condición de mujer trabajadora de la cigarrera pretende ser tema estelar y protagonista.

Para ello, en su mayoría, acaban acudiendo a la tan sufrida y dicharachera Wikipedia, que siempre nos dará una respuesta para todo, aunque pueda que ésta no esté fielmente amparada con fuentes o con textos de investigación. Señalados el foco y el origen, de la condición de “Cigarrera”, en la internauta enciclopedia se nos dice:

“Una cigarrera (o un cigarrero) es una persona que hace cigarrillos o cigarros. La cigarrera es la trabajadora principal en una fábrica de tabacos. Con este nombre también se conoce un mueblecito o a una caja en que se guardan y se tienen a la vista los cigarros puros

Y sobre lo que aporta en el apartado de la “Historia de las cigarreras de España”, nos añade y deja recogido:

“Hasta finales del siglo XIX, existían en España distintas fábricas de tabacos en las ciudades de Sevilla, Cádiz, Alicante y más tarde, Madrid y otras. La primera que funcionó fue la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, fundada como empresa privada en 1620 y administrada directamente por la hacienda pública desde 1684. Al principio los trabajadores eran hombres y mujeres. A los hombres se les llamaba cigarreros y a las mujeres, elaborantes.

En el año 1731, los cigarreros de Sevilla mandaron una queja al rey, un memorial en que se decía que no estaban de acuerdo con su sueldo, que era bastante menor que el sueldo recibido por las elaborantes (mujeres cigarreras) de Cádiz, siendo ellos hombres y con muchas más obligaciones que las mujeres. Recibieron una contestación en que se decía que se les pagaba exactamente igual por mazo de cigarros, pero que las elaborantes de Cádiz «son más cuidadosas, trabajan con más pulcritud y menos desperdicios y su labor cunde más. Así obtienen más dinero por el mismo tiempo de trabajo».

El trabajo de las mujeres cigarreras fue muy apreciado y solicitado. Ellas mismas conseguían que la ampliación de personal fuese siempre de mujeres. Cuando más tarde aparece la elaboración del cigarrillo, las cigarreras son profesionales tan diestras que tan sólo ellas serán capaces de preparar esta modalidad. Se hacen indispensables en las fábricas y crean una imagen especial de la mujer cigarrera”.

 


Real Fábrica de Cigarros de Sevilla a finales del siglo XIX. En la fotografía de este patio quedan recogidas las tres divisiones del personal laboral: las cigarreras están asomadas a una balconada del piso superior, los empleados administrativos quedan a la izquierda de la fuente y el personal obrero masculino, los cigarreros, a la derecha.  Imagen del Archivo Histórico Provincial de Sevilla


Sobre la definición de lo que es y lo que hace una cigarrera o un cigarrero, no creo que haya dudas que se tengan que despejar: son los empleados en la fabricación de los productos de la industria tabaquera, ya lo fuera antaño y de forma manual, o en los actuales procesos industrializados. Para anécdota aparte queda el que para los hombres, para los cigarreros, con el uso popular de señalar a la Real Renta del Tabaco como “la tabacalera” ...nombre que se institucionalizó en el año 1945 al renombrarse empresarialmente como TABACALERA S.A., se hizo mucho más habitual el que se les llamara “tabacaleros”.

Punto controvertido en cambio es el de la superioridad en la presencia de las unas y de los otros en las fábricas. Si se devuelve la lectura hacia los contenidos señalados de la Wikipedia se puede comprobar que el asunto lo litigian sin complejo alguno escribiendo... «Al principio los trabajadores eran hombres y mujeres». “Dixit Manet”, dicho queda y todos más largos que anchos se quedan. Tanto así los que lo escribieron, como los que después lo copian sin análisis alguno.

La realidad de la porcentualidad de esa presencia se regiría siempre por dos aspectos fundamentales para los intereses de la industria tabaquera: el de adaptar sus labores a las modas sociales imperantes en el consumo y ...cómo no, el de obtener el máximo del rendimiento económico en los beneficios. Lo primero ha de entenderse como el que en cada época el tabaco se consumió de formas muy diferentes, adecuándose los procesos de fabricación a tal efecto. 



Esquema de las "entrañas" de la máquina diabólica que vino a desbancar el protagonismo de las cigarreras: la máquina cigarrillera Bonsack. Patentada por el americano James Albert Bonsack en 1881, su introducción en la industria del tabaco provocó toda una revolución en las capacidades de producción: sobre unos 150.000 cigarrillos diarios, que eran el equivalente al trabajo manual de 48 personas. 


     En el origen del consumo social del tabaco en Europa, éste no lo fue predominantemente como de “humo”, o como de “fuma”. Conocido el uso ritual indígena que se hacía de aspirar por la boca un humo que después se exhalaba por la nariz, en Europa, el “fumador” llegaba a estar mal considerado por el uso de hábitos considerados como de casi brujería. Podía ser excomulgado, perseguido y hasta acabar mutilado de su nariz.

Tampoco sería el tabaco de masticar el que se diera masivamente en estos lares y sí, por contra, el tabaco esnifado en polvo. El rapé, desde la primera industria del tabaco en el siglo XVI, tuvo gran demanda en su consumo. Paradójicamente a los momentos actuales en que se le persigue sanitariamente y se le penaliza fiscalmente, en el tabaco y en aquel inicio se pretendieron encontrar incontables usos medicinales y curativos: como antiséptico y cicatrizante, como analgésico para el dolor de muelas y oído, se prescribía para aliviar el asma y corregir el mal aliento, combatía desmayos, mareos y dolores de cabeza y también se le pretendieron cualidades vigorizantes y estimulantes.

Con esas creencias terapéuticas tan en boga, una vez extendido y arraigado el consumo del tabaco, los grandes intereses económicos y comerciales de la industria tabaquera se aseguraban una muy larga vida productiva. Las primeras tabaqueras son privadas y minoritariamente manufacturan el tabaco bajo licencias gubernativas y el preceptivo pago de aranceles. De ellas no hay datos concretos que ayuden a saber extensamente de sus procesos y de sus trabajadores. Se las sobrentiende en los usos y técnicas de la época. 

En la primera fábrica española formal ...que incluso también lo fuera europea, la de Sevilla, por todas las operaciones que conllevaba el procesamiento de la hoja del tabaco hasta alcanzar el que fuera el mejor y de más sutil calidad rapé de Europa, en los trabajos de azotea/avellanado, monte/molienda, moja, oreo y repaso se necesitaba del uso de la fuerza y de la ayuda de caballerizas: por eso, en origen, la presencia más protagonista y mayoritaria es la del cigarrero. De haber mujeres trabajando entonces, serían las menos.



Fragmento de la primera imagen, cigarreros en el patio de la fábrica de Sevilla. Por contra al mito de las cigarreras chulapas y raciales, aquí los cigarreros, de poco donaire y belleza eran poseedores. Principalmente, los trabajos de fuerza eran su ocupación.

Serán las necesidades del mercado las que transcurrido casi siglo y medio después, promoverán el cambio de la situación laboral en la industria tabaquera. Los usos y modales sociales provenientes del Caribe se aceptan y se extienden en Europa y el consumo del tabaco de fuma desborda la capacidad productiva de “la tabacalera” patria. Cádiz será la segunda fábrica que la Real Renta del Tabaco construya en 1741 para satisfacer esa demanda, ahora inclinada hacia el cigarro y algo más tarde, hacia el cigarrillo. Sería con esta fábrica con la que las mujeres ganaron presencia y protagonismo. Alicante, en 1801, será la tercera fábrica en ser puesta en marcha. En nuestro caso, nuestras cigarreras eran llamadas “fabricantas”.

Y así entran en escena y con muchísima fuerza y presencia las mujeres elaborantes/elaborantas. La mano de obra necesitada se multiplica exponencialmente y en la población femenina se encuentra una fuerza laboral muy numerosa y disponible, mucho más barata en costes laborales y presumiblemente, más dúctil y maleable. Como ya he reseñado en ocasiones anteriores, en las dos primeras premisas acertaron los gestores de la industria del tabaco, pero, en la tercera, erraron de pleno.

Llevamos mediado el siglo XVIII, se está entrando en el XIX y con él llega la preferencia y proliferación de la presencia de la mujer cigarrera: se nos da la necesidad de cubrir una mayor demanda social en el consumo, tenemos una inmensa masa obrera a la que podemos pagar menores salarios y sus manos y maneras son más sensibles y diestras en el manejo de la hoja del tabaco... y he dicho hoja, porque la Renta del Tabaco observa que manipulan mejor la materia prima y se aprovecha mejor la cantidad entregada con relación a mayor número de cigarros o cigarrillos obtenidos ¡Blanco y en botella! ...abramos las puertas de las fábricas a las elaborantas y especialicemos a los cigarreros sólo en las tareas de fuerza. En la fábrica de Sevilla, por contra, la mayor presencia masculina se daría hasta 1812. A partir de 1829, la Renta del Tabaco, rutinariamente se decantará por la mujer como su principal operario.



Torcedores, o hacedores de cigarros en La Habana. Se muestra un taller mayoritariamente ocupado por hombres con la presencia protagonista del lector de tabaquería, operario elegido por el conjunto que se dedicaba a amenizarles la jornada leyendo la prensa o publicaciones de narrativa y poesía. Se trataba de entretener y de instruir fomentando la cultura.  GettyImages.


Avanzamos tras tocar el asunto de la proporcionalidad de la presencia y entonces, nuestros investigadores/investigadoras, llegan al segundo párrafo de la consulta internauta sobre el concepto “cigarrera” y... ¡voilá!, dándose por enterados de la reclamación que en 1731 elevaron al rey los cigarreros de Sevilla mostrando su disconformidad por la minoración de sus sueldos en comparación a los recibidos por las elaborantas de Cádiz, dan por descubierta la pólvora y lanzados de cabeza, otra vez más largos que anchos, todos y todas resuelven haber encontrado la primera de las confrontaciones internas en la lucha feminista de las cigarreras, destacándolas desde ya ...y así, como activistas avanzadas a su tiempo.

Solo unos pocos ...y sobre todo porque se les rompería el exclusivo discurso defendido, dan un paso más y llegan a los trabajos de investigación del que fuera considerado un gran especialista en esto de la historia del tabaco. José Manuel Rodríguez Gordillo, fue profesor universitario de Historia Moderna y director del archivo histórico de la Fábrica de Tabacos de Sevilla y él ...y otros, sobre esta cuestión de la reclamación de 1731, convienen que de lo aquellos hombres protestaban era de verse empobrecidos en sus jornales al ser equiparados a los de las elaborantas puesto que, añadido a la bajada de jornal, las horas que pudieran dedicarle a la producción de cigarros era menor ya que ellos también se ocupaban de otros muchos trabajos y preparativos. Eso sin hablar de sus rudas manos y de sus poco donosas maneras en la elaboración, lo que hacía menguar su producción.



Tabacaleros de Cádiz a principios del siglo XX. Tareas manuales del taller de picado de hoja: están descompactando los manutillos -manojos atados- de la hoja procedente de los secaderos de origen. Fondos documentales de la Fábrica de Tabacos de Cádiz.  


La incorporación de la mujer a la fabricación de tabaco de fuma supuso el que se minoraran todos los jornales hasta quedar rebajados a los de ellas. La Renta, muy astuta y ladina, alcanzaba mayores producciones con menos costes salariales. Había más operarias, sí, pero su coste salarial compensaba a la baja. No invertían ni un real en las herramientas personales puesto que se las debían de agenciar ellas. De sus jornales salieron las aportaciones a las Hermandades de Socorro impuestas desde 1817 por la Renta, y de la formación de las siguientes cigarreras se encargaban ellas mismas con la sola recompensa de que se priorizara el ingreso de sus hijas. Y hablando de la formación, las aprendizas detraían 1/3 de sus propios jornales para compensar a las cigarreras expertas, o a las maestras, que las supervisaban. Así pues, la Renta, en cuestiones salariales, el beneficio se lo llevaba bastante “muerto”.    

Algunos años más tarde, en 1807, analizando lo contenido en el “Expediente sobre la mejora de la labor de cigarros en Sevilla” redactado por el superintendente de la Renta, José Espinosa, atendiendo al pensamiento social de la época, decía este hombre que responder a porqué los jornales de los hombres eran superiores, era sencillo: de ellos, de su condición de cabeza de familia, depende toda una prole que incluye además a sus ascendientes y a otros parientes cercanos. Que de ellos, inclusive, depende el aumento de la población puesto que las mujeres, sabiendo que al casarse serán despedidas, aspiran más a mantenerse solteras... tal vez con una vida inmoral y hasta relajada. El salario femenino es más bajo porque se entiende como complemento para los ingresos de una casa o suficiente para el mantenimiento personal de la trabajadora.



Operarios ya "mecanizados" al servicio de una máquina cigarrillera UNIVERSAL, máquina evolucionada desde la patente original de Bonsack. Fábrica de Tabacos de Sevilla - Archivo Histórico Provincial de Sevilla - Probablemente, primeras décadas del siglo XX.


 Y a una segunda pregunta sobre por qué desestimar el que hombres y mujeres compartan espacios de trabajo, la respuesta se dirimía con cuestiones de controles de acceso y de salida, los rigurosos registros íntimos para ellas que necesariamente habrían de realizar porteras y no porteros, y a los posibles desórdenes inseparables a la reunión de sexos que hasta podrían derivar en la disoluta moralidad antes señalada.

        Pese a estos análisis y a la posibilidad añadida de que las cerca de 800 familias sevillanas que entonces recibían jornales de la Real Fábrica de Sevilla pudieran acabar en la miseria y que arrastraran consigo al comercio y a la economía de la ciudad, llegados a 1812, la Renta del Tabaco inclinó la balanza a favor de la mujer cigarrera y su presencia en las fábricas se multiplicó exponencialmente. En Alicante, en 1844 eran 3.000, en 1874 aumentó la cifra hasta 4.500 y el techo máximo se alcanzó en 1882 con 6.200 operarias. La evolución en otras dependencias fue bastante similar.

            Y su enemigo más letal no acabó siendo el cigarrero, fue la mecanización. Con la irrupción de los procesos industriales altamente mecanizados y cada vez más capaces de aumentar la ratio de producción por hora de trabajo, la presencia de la cigarrera fue minorando con pasmosa velocidad.

    En resumen, la tan traída y llevada pugna entre hombres y mujeres como fuerza laboral dentro de la industria del tabaco, fue impuesta por las modas del consumo y por la rentabilidad que los gestores de la misma esperaban obtener. Querer ver más, en mi opinión, sólo son ganas de polemizar.

 



En el año 2004 ya se estaban introduciendo máquinas liadoras/cigarrilleras que producían hasta 10 millones de cigarrillos por jornada de ocho horas. Hay que señalar que en muchas de las fábricas que disponen de estas máquinas -a día de hoy pudiendo ser consideradas como tecnológicamente ya superadas- trabajan a tres turnos: mañana, tarde y noche. 
 Imagen de Hauni Körber Solutions


 

Fuentes consultadas y documentación:

  • Wikipedia: a la voz de “cigarrera”
  • Hemeroteca Virtual de la Prensa Histórica
  • Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España
  • ALMA MATER HISPALENSE – Blog de Alfonso Pozo Ruíz, Universidad de Sevilla
  • Archivo Histórico Provincial de Sevilla

 


domingo, 21 de diciembre de 2025

0-43 "La Chata" en la Tabacalera de Alicante

 

 

Revisando documentos guardados... de aquellos que nos llegaron para incorporarlos a nuestro libro conmemorativo “20 de Mayo – Hechos y Dichos de una tradición”, y eso fue en 1994, éste que a continuación reproduzco no se incluyó en sus páginas porque ya nos llegó cuando el libro estaba maquetado y metido en máquinas.

 

  Lo conservé porque su contenido siempre me venía llamando la atención aunque no me lo ponía fácil ya que no incorporaba los datos de quién nos lo hizo llegar y ni siquiera se referenciaba en qué momento histórico se hubiera dado aquella visita regia.

 

 En febrero de 2021, metido ya de lleno en “harinas” de memorias y crónicas de Alicante y publicando en redes sociales, mediadas algunas consultas en las hemerotecas digitales pude alcanzar a ubicar la fecha en la que se diera este “Saludo de una operaria de la Fábrica de Tabacos a la Infanta Isabel”

 

  Rastreando en primer intento la prensa local y nacional, la más conocida de sus visitas a Alicante fue en julio de 1913 y de ella hay fotografías de Manuel Cantos en el AMA y registros gráficos del mismo fotógrafo en las revistas La Actualidad (12/07/1913) y Mundo Gráfico (16/07/1913). Pero en la crónica del 7 de julio que le dedica al evento el Diario de Alicante, no aparece ningún rastro de haberle dedicado unos minutos de su presencia a la Fábrica de Tabacos y a las cigarreras. 

 

Mundo Gráfico 16/07/1913 - Su A.R. la infanta Dª Isabel acompañada por las autoridades, visitando los balnearios de la playa durante su breve permanencia en aquella población. Fotografía de Manuel Cantos.

  Al parecer, el mes de julio marcaba con las vacaciones estivales un buen momento para disfrutar viajando y para representar a la Corona Española en multitud de actos públicos y populares. El extenso uso de trenes, vehículos de tiro o de motor, veleros o vapores, y el fervor popular que se sentía por ella, le dieron a la Infanta Isabel de Borbón, “la Chata”, la condición de viajera ilustre, y no precisamente por pertenecer de cuna a una “ilustre familia”, sino por la cantidad de lugares que visitó tanto aquí como allende los mares.

 

 Isabel de Borbón y de Borbón fue la hija primogénita de Isabel II y de don Francisco de Asís que no pudo acceder al trono al darse el nacimiento de su hermano Alfonso, quién reinaría como Alfonso XII. Según sus biógrafos, fue una miembro destacada y adelantada dentro de la familia Borbón dado el que se formó cultural, social y hasta deportivamente más allá de los cómodos privilegios que le otorgaba su condición de descendencia regia. Fue una mujer muy activa y siempre muy próxima al pueblo llano. Disfrutaba del contacto con la gente personándose en todos los saraos y fiestas populares, huía cuanto le era posible de los boatos protocolarios e incluso, según el acto y si la excusa le era permitida, rehuía de la ostentación de los palios y otras zarandajas similares.

 

Isabel de Borbón y Borbón, en su infancia


          Ella misma, para consigo y, aún mucho más, para con su amadísimo Madrid, se permitía el uso de los apodos castizos. Como madrileña se sentía gustosa de considerarse “gata” y del apodo “la Chata” nunca renegó porque lo sentía como un homenaje popular a su persona. Tal vez ...y en cierto modo, tuviera que ver el rasgo físico de una nariz algo menuda y respingona que la mostraba pizpireta e inquieta, pero, de un modo u otro, a ella ese detalle popular le hacía sentirse orgullosa. Enviudó muy joven y alcanzó un enorme protagonismo ejerciendo de primera embajadora de España dentro y fuera del país. Llevó esta dedicación y labor a lugares y a entornos en los que su hermano y su sobrino, los reyes Alfonso XII y Alfonso XIII, nunca llegaron. 

 

A tal punto de excelencia y de reconocimiento popular llegaría esa labor en el tiempo que, instaurada la II República, con 80 años de edad y enferma ya de gravedad, fue el único miembro de la familia real a quien se le permitió permanecer en España con la expulsión-destierro de su sobrino Alfonso XIII. Fiel y respetuosa a su condición de Borbón, declinó el privilegio ofrecido y marchó al destierro junto a su familia. Moriría pocos días después en París. Este gesto del gobierno republicano hacia su persona pretendía reconocer su bien ganado amor y respeto populares para con una persona íntegra y enemiga siempre de la confabulación y de los oscuros manejos palaciegos que fueron infausta historia común de sus antecesores.        

 

Retrato de Federico Madrazo - 1880   Palacio Real de Madrid

 

             Hecha una mínima reseña biográfica de “la Chata”, retornemos al asunto de la salutación de la cigarrera alicantina. Se dará en una visita anterior, también en el mes de julio, pero de 1907, en un viaje que arrancaría en Murcia y que acabó en Valencia, cuando la Infanta Isabel visitó la Fábrica de Tabacos y la cigarrera Josefa Ferrándiz Giner se la leyera.

 

La crónica de la prensa de ese día en el Diario de Alicante, jueves 25 de julio de 1907 recoge:

 “Desde la iglesia de San Nicolás se ha dirigido la comitiva al Hospital civil, al Asilo de Nuestra Señora de los Remedios, á la fábrica de Tabacos, al convento de las Oblatas y al Instituto Provincial. En la fábrica de Tabacos la ovación tributada á la Infanta Isabel ha sido de las más ruidosas que ha oído”

 

Desde un par de semanas antes, con el anuncio de la visita, la prensa local se mostró muy activa dando noticias de los preparativos y de la agenda de actos que se le dedicaron. Llama la atención ...ya que antes se ha mencionado la sencillez de trato que siempre buscaba “la Chata”, el que en La Voz de Alicante el día 16, con tono de pomposo ringorrango escribiera:

 “Ayer recibió la Excma. Señora doña Paula González Carballeda, vicepresidenta del real patronato para la represión de la trata de blancas, por conducto de la condesa de Aguilar de Inestrillas, la noticia de que el día 24 de los corrientes llegará a esta capital la Infanta Isabel.

La señora vicepresidenta del patronato saldrá el día 20 del actual para Cartagena con objeto de ponerse a las órdenes de la misma”.

 

Después se emitiría hasta un bando municipal que marcaba protocolos, que reclamaba el lucimiento de adornos y luminarias y que fijaba expectativas que debiera de cumplir el pueblo alicantino. La cosa es que “la Chata” llegó a Alicante y que en los actos agendados no faltó de nada, ni actos populares, ni actos sociales con el abolengo alicantino: recibimientos varios con bandas municipales y militares que después hasta dieron conciertos, ágapes, visitas a entidades civiles y religiosas, corrida de toros, regatas de vela y como despedida, un grandioso y nocturno castillo de fuegos artificiales.

 

 

Fotograma extraído del video documental: "La Chata", La Infanta más popular y carismática de España, Princesa de Asturias - BioPic Channel  

  De todo ello, incluidos los menús que se le sirvieron, los “gacetillas”, con una columna ...máximo con media página, daban minuciosa cuenta a diario. Pero como por aquel entonces, quien pudiera pagarse un periódico, ya fuera empresa o ente privado se montaba su propio diario para significarse políticamente, para que no quedara dudas de quién pudiera ser el más leal y monárquico, la revista quincenal Museo-Exposición, órgano oficial de la Cámara Agrícola de Alicante, dirigida por don Miguel de Elizaicin, en su número 172 del día 1 de agosto, dedicó íntegramente sus dieciséis páginas a referir con toda clase de detalle la estancia de la Infanta Isabel en Alicante y su acomodo en el Gran Hotel. Miguel de Elizaicin era además, el propietario de la revista.

 

 Como pincelada que nos devuelve a la Infanta popular y nada pomposa, el día 25 trasladada a la Colegiata de San Nicolas para oír misa matutina de diez y media, declinó que la condujeran bajo palio y rechazó además el sitial bajo dosel que se le había dispuesto en el presbiterio.  De allí salió con destino al Asilo de Niños del Paseo de Campoamor, al Hospital Provincial y a la Fábrica de Tabacos.

 

En cuanto a esta última, se dejó escrito que la Infanta “fue recibida con indescriptible entusiasmo por todas las cigarreras que la ofrecieron artísticos ramos de flores.

La comitiva recorrió los talleres de la fábrica donde las operarias repetían sus ovaciones a su S.A y al retirarse visitó el despacho del señor Administrador donde se había instalado una completa exposición de las labores que se producen en el citado establecimiento fabril”. 

 

 
 
        Durante la visita a los talleres, la operaria Josefa Ferrándiz Giner, perteneciente al Taller de Superiores, rancho 31, pedirá permiso para dirigirse a S.A. y ofrecerle la lectura de una salutación y ...según recogen algunos diarios, aunque en “letra pequeña”, una petición para que se autoricen nuevos ingresos de cigarreras y para que se aumenten las labores a producir en Alicante. Los enardecidos vivas y requiebros hacia su persona y hacia la del rey Alfonso XIII, acompañaron a la Infanta hasta su salida del recinto.
 
 
      Tuvieron que pasar nueve décadas para que la salutación volviera a la actualidad histórica de las cigarreras con los actos conmemorativos del 150 aniversario del 20 de Mayo, día de la fiesta de las cigarreras. Por las anotaciones al margen y las diferencias para con el texto original y el relato, sin lugar para la duda, esta salutación que nos llegó de forma anónima formó parte de la tradición oral entre las sucesivas generaciones de cigarreras que, junto a otras anécdotas y a fotografías familiares, son un patrimonio que si no se remedia, puede acabar perdiéndose. No sería el primer ejemplo de lotes de historia familiar vendidos al peso porque acaban siendo bultos que molestan en casa. 

 

Texto que nos llegara de forma anónima y que no pudimos incorporar en nuestro libro conmemorativo  "20 de Mayo - Hechos y Dichos de una Tradición"


Tal como ya lo dejara escrito en febrero de 2021, firme en el propósito, insistente por el orgullo de pertenecer a ese colectivo y a esa tradición industrial, sigo pregonando que será de juzgado de guardia que no se procure por reunir esa historia y de darle el espacio y el protagonismo que por derecho propio le correspondería en el edifico donde perviviera durante dos siglos la actividad tabaquera en Alicante. 

 

Piedra a piedra, metro a metro, la que fuera la importante Real Fábrica de Cigarros de Alicante, pan y sustento para Alicante y para las familias alicantinas, gracias al menfotismo que nos es innato en la capital de “la terreta”, se va desdibujando de la memoria colectiva y por sangrante goteo, va perdiendo los espacios de su presencia y de su identidad.  

 

 

 Fuentes consultadas:

 Biblioteca Virtual de Prensa Histórica - Julio de 1907

 Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España - Julio de 1907 y de 1913