domingo, 8 de marzo de 2026

0-48 Una voluntariosa inventiva, el siempre vanidoso premio y la decepción (2 de 2)

  

El cautivador teorema del palo y la zanahoria

 

Para quien pueda andar algo desconcertado ...o perdido, con lo del título para esta segunda parte, además de ser usado como la fábula del burro al que si responde y avanza le mostramos una zanahoria para que siga haciéndolo, pero que le damos un buen palo mostrándole quién manda y a lo que debe de obedecer si acaso no le diera por andar, en políticas y técnicas de gestión empresarial esta metáfora se usa para incentivar el trabajo con premios y para disuadir con penalizaciones por si acaso se dieran incumplimientos en las tareas. Esto último también podría interpretarse como escarmentar la falta de colaboración. 

 

Recreación infográfica de la fábula del palo y la zanahoria

 

Descubrir ahora la historia de nuestro inventor alicantino, me trae a la memoria dos momentos muy parecidos en la evolución de nuestra industria tabaquera, siempre tan paternalista y posibilista según se cuente la historia de puertas para afuera y siempre también tan desvaída e insulsa para con los suyos sin ser faceta tan públicamente conocida. No hay más que recordar que sus obreros, hombres y mujeres, a excepción de sus gerentes y administrativos, hasta no estar inmersos en la lucha de clases de inicios del siglo XX, nunca fueron reconocidos como empleados, eran jornaleros a los que se les ofrecía trabajo y pago casi por caridad.

No es la primera vez que refiero que a las cigarreras siempre se dirigieron como pobres desgraciadas, infelices mujeres y resto de la gente de mala vida.  De su implicación en la calidad del producto acabado, parece que históricamente nunca fuera cuestión de bien hacer personal y profesional, pero, incluso en tiempos modernos, esas cigarreras que auparon labores y marcas de gran reconocimiento en los buenos fumadores, fueron muy capaces de parar las máquinas que no estaban ofreciendo la calidad requerida.

Y no había jefes de producción que valieran reclamándoles la puesta en marcha de la máquina. Si el producto final no era bueno esa máquina no arrancaba. Ellas siempre fueron mujeres de carácter y poseedoras del sentido de la responsabilidad ...hasta el principio del fin. Después, para criterios de números de producción y de inventos, ya estaban la estadística y la invención de la penicilina. Llegaron otros tiempos modernos. Entiéndase el modo sarcasmo en acción.

 


 

En febrero de 1996, con el ofrecimiento de los primeros expedientes de regulación de empleo de aplicación voluntaria y llevando en mente un nuevo paso en la modernización de Tabacalera S.A., con el fin de mostrarla más “apetitosa” a la fusión con la tabaquera nacional francesa Seita, a través de la revista Oreo que servía como medio de comunicación interna, se nos publicitó un proyecto de participación mediante sugerencias de mejora en todos los departamentos y ámbitos del proceso productivo y administrativo.

¡Sugerir es mejorar! llevó por nombre aquel proyecto que apelaba a la contribución de tod@s en pos del progreso común. Aparte de unas muy rigurosas condiciones para que las sugerencias planteadas supusieran innovación y originalidad... y que fueran proyectos aplicables y rentables... y que no supusieran riesgo para las personas y que no escondieran efectos negativos no contemplados inicialmente, la cosa traía el caramelo envenenado de incentivar la vanidosa competitividad entre unos trabajadores que en aquel momento ...los más, llevaban más de media vida juntos.

Las ideas surgían animadamente en las mentes privilegiadas de quienes se aplicaban en querer ser reconocidos y premiados. Lo del reconocimiento, la vanagloria y la notoriedad, se nos ofrecería a través de los medios de comunicación de la empresa. Ya se lo pueden imaginar: salir en los papeles y con fotografías. Ser nombrado algo así  como el empleado del mes, ¡era lo más de lo más!

Y lo del premio económico venía a ser casi una utopía porque tenía que evaluarse su pleno beneficio en ahorro de costes. De ser así, recibirías un 15% del neto resultante de esas economías, teniendo un límite de 250.000 pesetas. En caso de ser sugerencias que no pudieran cuantificarse pero que demostraran mejoras notables, el máximo a recibir estaría en las 100.000 pesetas.

 


 

En abril de 1998, también en Oreo se publicó un cuadro sinóptico de las sugerencias que llegaron a la comisión evaluadora en Oficinas Centrales. Las sugerencias que se quedaron por el camino fueron muchas más, pero, aun así, las aceptadas para su estudio, en algunos centros alcanzaban un número llamativo. La zanahoria de la engolada vanidad estaba surtiendo efecto.

También las sugerencias desestimadas sumaban bastantes. Recordando aquellos momentos aunque sin nombrar ni a nadie, ni nada, a más de uno la decepción de verse desestimado en sus propuestas, sus buenos berrinches le provocaron. Y de la fatua vanidad en creerse protagonistas, mutaron en críticos rebeldes y resabiados ausentistas para su implicación en el trabajo. Había que ver cómo salían volando algunas herramientas cuando cogían la rabieta.

Si no me equivoco, a todos los participantes, a la presentación de la sugerencia se les regalaban camisetas de publicidad de Ducados y de Fortuna. En el siguiente estadio de recompensas estaban los sorteos anuales de viajes. En conjunto, tres viajes eran de destino internacional y para dos personas: el premiado y un acompañante. Y después, en cada dependencia participante se sorteaba un viaje para cuatro personas. Del primer destino no recuerdo si hubo beneficiaros y si llegaron a realizarse. 

 

Visita a La Rioja - Revista Oreo nº 17, de julio de 1998  

 

Del segundo, con destino nacional, en julio de 1998, Oreo recogió por escrito y gráficamente la visita a La Rioja del gran grupo resultante. Y después de eso, el silencio y el olvido. El proyecto ¡Sugerir es avanzar!, murió sin ruido y tras escasas nueces. Desconozco si se cumplieron todas las promesas que se anunciaron, pero, aquello del ¡Sugerir es avanzar! desapareció.       

 Sería después, entre 2012 y 2013 y en la fábrica de Logroño que, habiendo sido ya “opados” y absorbidos desde 2009 por la muy británica Imperial Tobacco, con sólo dos fábricas en suelo nacional, la de cigarrillos de Logroño y la de cigarros en Santander, que los muy cosmopolitas anglosajones ...que les gusta la juerga española más que a un tonto sacarle punta a un lápiz, implementaron un nuevo proyecto de excelencia llamado OLYMPUS que en La Rioja buscaba llevar al nº 1 europeo a su fábrica. Al menos así se lo vendieron a los lugareños que seguían envanecidos pensando que habían sido y que seguían siendo la “joya de la Corona” de la tabacalera española. Según muchos de ellos, la cosa de los cierres no iría nunca con ellos.

Por lo del gusto anglosajón por la fiesta y el jolgorio allende los límites de su tierra, entre esos tres o cuatro últimos años antes de su cierre, en Logroño instituyeron un encuentro con “vino español” a cada final de año. Una celebración navideña de hermandad en la que no se reparaba en gastos de sala de fiesta, canapés, copas, azafatas, artistas, magos y demás “organzas y organdíes” varios. A la vuelta en enero del año entrante, la fiebre de la excelencia les hervía sin límite. Bien mirado, era cosa lógica. La vida misma. 

 

Humor sindical en respuesta a lo que planteaba la empresa. Ya trabajábamos bajo el logotipo de Imperial Tobacco Group y sus políticas de incentivación. Aprox. año 2012/13

 

Personalmente, ninguno de esos encuentros los viví. En las fiestas navideñas, como el turrón El Almendro yo me estimaba más el volver a casa, a Alicante, al calor de la familia. El posterior retorno a Logroño siempre era una sorpresa. De los vestuarios del grupo IV iban desapareciendo los operarios que vestían el buzo de trabajo y te los encontrabas vestidos de ropa de calle en las oficinas. Los altos egos se iban alimentando y los indios en la tribu iban desapareciendo a la vez que se multiplicaban los petulantes penachos y plumajes de los jefes. La vanidad se dio a tan rápida avidez como los champiñones a la humedad.

Vanidad que no fue poca porque había que ver a aquellos “ingenierillos” a los que suponiéndoles la valía de su categoría profesional y cargo organizativo, a través de estos incentivos, descubrieron que si en sus idas y venidas, al salir de su despacho se entregaban al sencillo gesto de apagar las luces, el ahorro energético en la factoría tenía tendencia a aumentar. Poco menos que se creyeron descubridores de la pólvora ...o de la penicilina.

 

Diciembre de 2016. Final de la Safety Pin Lean Games en la República Dominicana. La empresa Casa de Campo, dedicados a la realización de eventos, puso a disposición del proyecto sus medios y recursos ofreciendo con buen gusto y lujo no solo la pernocta y la manutención; tras las sesiones de la competición, a los distintos consejos de sabios se les ofrecía golf, relax, música, cócteles, ocio, grupos de animadores y de monitores de baile caribeño y mucha, mucha confraternización entre tabaquer@s. La filial dominicana Tabacalera García fue la anfitriona del evento.

 

Los consejos de sabios y el nutrido movimiento de operarios de fabricación que promocionaban a categorías administrativas y de mando, iban creciendo a pasos agigantados. Hasta se crearon unas “jornadas olímpicas” para competir entre los distintos consejos de sabios. Viajes y dietas para todos a cargo de la empresa. Todo eran proyectos sociales y de reorganización con generosa publicidad y con muchos nombrajos y consignas en inglés.

La verdad en este caso se escondía en la consecución de cuántas más Normas UNE-EN mejor porque obteniéndolas, más subvenciones europeas, estatales y autonómicas les entraban en caja. Del orden de 1.500.000 € se llevaban ingresando en Logroño en el último decenio por unas acciones vinculadas al desarrollo de actividad y empleo que nunca se hicieron realidad. Ninguna vez con los cierres, se devolvieron esas ayudas públicas.

Salvo para los escépticos que nunca fuimos escuchados y que no creímos en aquellos cantos de sirena, los ostentosos vítores navideños de 2015 auto celebrándose como un imparable nº 1 europeo, le supieron a tomadura de pelo y a amarga traición cuando el día 19 de enero de 2016, a bocajarro, sin aviso ni anestesia previos, se les anunció el innegociable e irreversible cierre de la factoría. La henchida vanidad se les desinfló de ipso facto.

 

Una breve muestra de la comunicación interna que tanto cundió en aquellos años y una breve muestra de los palabros e inventos con los que suponía que la factoría de Logroño saldría indemne en el proceso imparable de los procesos de regulación de empleo y los cierres de fábricas. Mucho de esa comunicación y proyectos se autogestionaba ofimáticamente a través de códigos y contraseñas personales. Se instalaron puestos de acceso a la Intranet para transmitir la sensación de que se trataba de forma directa y unipersonal con la empresa. La idea era hacerte sentir parte importante de la misma.  

 

Ya hacía muchísimos años que la Tabacalera española, sin vuelta atrás, había dejado de ser una garantía laboral y de preocuparse por la formación continua de sus profesionales. En ese último cierre y como ocurriera anteriormente con el cierre definitivo de la Fábrica Costa en Alicante, se vino a evidenciar el que si a unos pocos ese estancamiento profesional no les acarreaba preocupación, a una mayoría sí. Fuera del entorno de la industria del tabaco, en lo de obtener un puesto de trabajo había que volver a la casilla de inicio.   

Para lo que quedaba de la paternalista Tabacalera S.A., lo que del convento les iba quedando en píe, primero se la refanfinfló y en el final, por supuesto, aún más. Al final, la sugestiva zanahoria solo era una ilusoria cortina de humo.

 

 

 

 Fuentes consultadas: 

  • Oreo, Medio de Comunicación Interna de Tabacalera S.A.

            Revistas nº 12, de febrero de 1996, nº 14, de abril de 1997, nº 16, de abril de 1998 y 

            nº 17, de julio de 1998 

  • Global View, Medio de Comunicación Interna de Imperial Tobacco, para Altadis – España

            Proyecto Connect People ...y otros

 

 

0-47 Una voluntariosa inventiva, el siempre vanidoso premio y la decepción (1 de 2)

 

 Los inventores y la modesta gloria

 

No siempre los libros de historia recogen a todos aquellos hombres y mujeres que contribuyeron a mejorar entornos y situaciones. Investigadores e inventores han habido de los que jamás se supo de ellos y que nunca tuvieron reconocimientos públicos. Nunca vieron reconocidos sus descubrimientos o inventos. Solo en algunos casos, ahora sabemos que por falta de amparo en los medios de divulgación y que por falta de publicidad para sus ingenios no obtuvieron respaldo en las instituciones científicas y gobiernos pudientes y que sus descubrimientos e inventos hoy son actualísimos ...o que le llevaron la gloria a otros.

Con nombre y apellidos españoles tendríamos al ingeniero Emilio Herrera Linares que fue el impulsor del traje aeroespacial. A Ramón Silvestre Verea, periodista español en Nueva York, de formación autodidacta en ingeniería y mecánica que creó una de las primeras calculadoras modernas. Desconocíamos también que Fidel Pagés, cirujano y militar, conceptualizara y desarrollara la anestesia epidural partiendo de la experiencia previa del neurocirujano neoyorkino James Leonard Corning. De la maestra de León, Ángela Ruíz Robles y de su proyecto de “libro electrónico”, hasta hace bien poco ni la prensa hablaba, pues, se le atribuía tal invento al estadounidense Michael Hart.

 

Ilustraciones de Eulogia Merle - Museo de Ciencias y Tecnología de Madrid  2012 

 

Todos ellos forman parte de finales del siglo XIX y al siglo XX, pero profundizando más, el articulista que nos habló de ellos en su artículo de Ciencia “Cinco inventores españoles olvidados por la Historia que cambiaron el mundo”, Adrián Mateos, diario ABC de 06-05-2106, con Jerónimo de Ayanz y Beaumont, se remonta a inventores españoles del siglo XVI al XVII. De Ayanz patentó 48 inventos que fueron desde un sistema para la destilación del agua marina hasta un traje de buceo, pero, su mayor avance fue el de aplicar en una actividad industrial el uso de máquina de vapor. 

 

Ilustraciones de Eulogia Merle - Museo de Ciencias y Tecnología de Madrid  2012

 

Estos inventos ...y tantos otros del pasado, como posibles avances a su tiempo presente, todos fueron cuestionados por si aparecieron para bien, o para no tan bien. De esto mismo no se escapan ni siquiera los de nuestra más inmediata actualidad. Siempre se darán dudas sobre si su concepto y su uso serán el correcto, o no.

En el contexto en el que se escriben estas crónicas ...el del mundo del tabaco y su industria, incluso antes de llegar a la moda actual de señalar su consumo como de altamente pernicioso para la salud, hubo otros tiempos en los que también, si acaso se reconocían los méritos de la inventiva que mejoraba procesos constructivos y que desarrollaba nuevos conceptos mecánicos, también ...decíamos, se daban críticas negativas porque la modernidad tecnológica, como poco, llegaba para desplazar a la mano de obra “manufacturera y artesanal” y fomentar un desaforado consumo.

Y aquí recupero un momento que ya fuera partícipe de una crónica anterior que me servirá de antesala e introducción para el verdadero protagonista de la de hoy. En el año 1867 los señores ingenieros Monturiol, don Narciso -sí, el del submarino Ictíneo- y Borrás, uniendo esfuerzos en un proyecto original del primero, resolvieron sobre el proceso industrial de la producción automatizada de cigarrillos, desarrollando una máquina cigarrillera que mejoraba tanto la calidad del producto final como la capacidad de producción en números absolutos.

 


 

La revista tecnológica “La Gaceta industrial” se hizo eco de la noticia y se deshizo en elogios constructivos y un minucioso detalle de cuál era su funcionamiento. Elucubrando entelequias propias, el redactor de la detallada reseña añadió conclusiones varias en las que, como decía anteriormente, se cuestionaba si con esta nueva tecnología no se estaría contribuyendo a alimentar el vicio insalubre del fumar:

     ... “la máquina de los Sres. Monturiol y Borrás es un verdadero progreso”.

     ... “¿la invención de esta máquina, constituye un progreso, responde a una necesidad, es útil o prejudicial a la raza humana?”.

     ... “debemos decir que esa invención es un mal, pues, acabaran llenándose los asilos de la caridad de seres ineptos para la reproducción de la especie”.

 

Y por si no fuera suficiente, Dámaso Calvet, el firmante del artículo, también ingeniero y catedrático de dibujo técnico además de poeta, dramaturgo y amigo próximo a Monturiol, llevado por ...vayan Uds. a saber qué análisis o motivación de tintes misóginos, arremetía solapadamente contra las cigarreras y su condición de mujeres trabajadoras escribiendo lo siguiente:

     ... “la máquina de los Sres. Monturiol y Borrás economizando el trabajo manual, contribuirá, pues, en su esfera a la obra de la abolición, proporcionará nuevos brazos a la agricultura, y en España volverá al hogar doméstico ese número inmenso de mujeres, tipo especial en ciertas capitales, que vegetando por una atmósfera físicamente venenosa y moralmente corrompida, llevan impresos en la palidez de sus flacas carnes, en sus malas digestiones, en sus dolores de cabeza y en su vejez anticipada, los efectos de una planta cultivada para un vicio y elaborada en la esclavitud o en talleres en los que la moralidad tienen tan pocos amigos.

 

De este sorprendente modo acabó Calvet una reseña técnica sobre ingeniería mecánica. Por sus méritos o por sus “recursos”, estos señores ...u otros, obtuvieron sus momentos de gloria y se pasaron a escribir sus nombres y sus asombrosas aportaciones en las revistas especializadas o en la Historia, contextos estos mismos en los que otros inventores más modestos pasaron casi inadvertidos. 

 


 

En la más austera y territorialmente limitada prensa local, entre los años 1924 y 1930, un modesto obrero cualificado de la Fábrica de Tabacos de Alicante, de ocupación y profesión la de carpintero, fue objeto de varias apariciones protagónicas entre las páginas y artículos de los diarios El Luchador, Diario de Alicante y La Voz de Levante (1). Su sobresaliente condición para ello: ser inventor de ingenios tabaqueros.

Tomás Crespo Juan, que así era su razón, oficiaba de carpintero en la fábrica de “la terreta” y su pertinaz afán de superación y su innata curiosidad le habían llevado a ocuparse en solucionar cuestiones mecánicas para la industria tabaquera... o incluso, para las de uso doméstico.

En noviembre de 1924, a Crespo, desde el Consejo de Administración de la Compañía Arrendataria de Tabacos, con la presentación de una máquina empaquetadora a la que evalúan como de muy útil aplicación, le trasladan que su invento va a ser incorporado a todas las fábricas y que han acordado premiarle con 500 pesetas. La prensa alicantina, por ello, le felicitaba con efusivo entusiasmo.

En julio de 1928, una reseña periodística sobre la convocatoria del Certamen Nacional del Trabajo en Bilbao... que persigue el incentivar la participación activa de los profesionales en los procesos productivos para beneficio de la mejora del tejido industrial local y nacional, menciona la participación de nuestro carpintero tabacalero. Participará en Bilbao con una nueva invención: una máquina modeladora para las prensas de madera que conformaban los cigarros puros.

 

Tomás Crespo Juan, fotografiado junto a sus moldes conformadores - El Luchador, 16/07/1930

 

Así se explicaba Tomás Crespo al ser entrevistado por La Voz de Levante durante una visita que realizaron sus reporteros a la Fábrica: 

     “¿Cómo se le ocurrió inventar esta máquina?”

     Verá usted, estos moldes eran fabricados en Alemania y Norteamérica. Resultaban muy costosos y al iniciarse la guerra mundial, dejaron de recibirse en España. Entonces yo concebí la idea de construir una máquina para fabricarlos y haciendo pruebas y más pruebas, dí en el clavo y fabriqué unos moldes que fueron aceptados por mis superiores, moldes que todavía empleamos para la fabricación de cigarros”.

 

 

Los moldes aludidos, en este caso de fabricación alemana

 

En esta ocasión, en la exposición del Certamen Nacional del Trabajo en Bilbao, Crespo estuvo recompensado con una medalla, un diploma y 250 pesetas en metálico. La empresa, por contra ...y por lo visto, no se mostró muy generosa pese a ahorrarse muchos y buenos duros. Añadía este buen hombre a su declaración que otros tantos inventos tenía dirigidos a la industria panadera y para la fabricación de pastas y buñuelos. El reportero, no sin antes felicitarle por su constancia y empeño, dejaba escrita la propuesta de que no sería nada desdeñable el que le fuera concedida una Medalla del Trabajo.

Dos años más tarde, El Luchador volvió a recordarle publicando una fotografía en la que aparecía acompañado de sus moldes. De la búsqueda documental por entre la base de datos de la Agencia Española de Patentes y Marcas, de Tomás Crespo Juan, inventor tabacalero alicantino, solo he podido encontrar el registro de esa máquina modeladora. Tal vez ...y solo lo presupongo como de tal vez, registrando la patente pudo proteger y garantizarse algunos ingresos por pleno derecho, porque lo del reconocimiento de la Compañía Arrendataria debió de resultar poco menos que de guasa.

 


 

Muy propio de la Compañía Arrendataria. A sus obreros ...jornaleros a destajo durante algunos siglos, si acaso una palmadita en la espalda y a correr, que con lo que te pago ya vas más que reconocido.

Otras glorias eran las que recibían los ingenieros y los directivos, curiosamente “asalariados” fijos de empleo y sueldo a los que se les pagaba -y se ha pagado siempre- por realizar un trabajo acorde a sus capacidades y a su titulación.

A estos últimos les iba en la nómina la obligación por procurar los mejores métodos y técnicas en el proceso productivo. Por no ser del todo crítico y porque ya estamos hablando en tiempo pasado, haberlos que cumplieran con esta obligación ...hubiéronlos y muy dignamente, pero, como los salvos que se nombran en la Biblia ...en menor cuantía que la deseada. 

Poco se habla de la voluntad personal y del pundonor profesional mostrados por las plantillas en el trabajo y en la resolución de cualquier problema que surgiera. De esa “imperceptible” implicación siempre se han beneficiado las empresas. Y esta, en eso mismo, no fue muy diferente.

 

 

Fuentes consultadas:

  • (1) Biblioteca Virtual de la Prensa Histórica
            El Luchador 26/11/1924, 03/08/1928, 23/08/1928 y 16/07/1930

            Diario de Alicante 28/11/1924

            La Voz de Alicante 02/12/1928

  • Agencia Estatal de Patentes y Marcas
 
 

lunes, 16 de febrero de 2026

0-46 Reales anécdotas de regios fumadores

 

            En realidad, pese al uso de la forma plural en el encabezamiento, en esto de las curiosidades de nuestros fumadores regios, no van a ser tantos los retratados. Ya saben... aquello de que no estarán todos los que son, y no serán todos los que están. En general se trataría de los Borbones del suelo patrio y en concreto, Fernando VII, Alfonso XIII y Juan Carlos I.

            Localizando documentación para los contenidos de las dos anteriores crónicas referidas a la figura del “cigarrero”, la revista Estampa de fecha 18 de julio de 1931 me lo puso tan fácil como dicen los viejos que se las ponían... las bolas, a Fernando VII. No me sean malpensados que según los cronistas se trataba de las bolas del billar, juego al que sus acólitos y come babas, se dejaban ganar descaradamente por el monarca.

            Durante un tiempo, a Estampa le dio por hacer pseudo periodismo de investigación y no fueron pocos los reportajes en los que sus redactores y redactoras se infiltraban entre mendigos, delincuentes y otras gentes de dudosa catadura, para tomar protagonistas apuntes desde lo más próximo al problema social que trataban. También abordaron cuestiones mucho más alegres y lúdicas como la vida tras las bambalinas de las chicas del conjunto de baile, las “girls”, que todo teatro de varietés que se preciara, tenía en nómina. Muchos años después, en el soporte televisivo, hagan memoria, sería Samatha Villar la que recuperaría la idea en aquel su programa “21 días sin...” comer, viviendo como una indigente, fumando porros, etc.

 

Revista Estampa - 18 de julio de 1931

 

            La cuestión es que, a la dirección de Estampa, con el exilio de Alfonso XIII tras los resultados de las elecciones municipales del 12 de abril de ese año 1931, le dio por confrontar un antes y un después en cuestiones relacionadas con la monarquía ya desterrada. Se entrevistaban ciudadanos, se ilustraban situaciones y en no pocas ocasiones, el/la reportero/a acaba haciendo una pregunta algo comprometedora. En nuestra curiosidad tabaquera, la pregunta se planteó en las conclusiones del cierre del reportaje: 

 

—«Debería usted ofrecer una de las cajas que le quedan al primer presidente de la República ¿No le parece?

Leopoldo Valcárcel no contesta.»

 

Pasando ya de la presentación velada que lógicamente pretende atrapar en la curiosidad, el reportero Rienzi (1), entrevistó para Estampa al joven madrileño Leopoldo Valcárcel que como oficio tenía, y por ello era popularmente conocido, ser el cigarrero de don Alfonso, el monarca ahora exiliado según sus próximos, o desterrado según sus opositores.

Como puede observarse en la fotografía e interviú que le realizaron, Valcárcel mostraba aires de dandy, vestía impecable, acudía regularmente a los estrenos de espectáculos y bailes de tronío y conducía un espectacular y llamativo automóvil modelo torpedo de color verde. Por lo visto, lo de hacerle los cigarrillos a don Alfonso, redundaba liquidez.

Según sus propias palabras, el oficio y la ocupación las había heredado de su propio padre que fue quien le preparó sus primeros cigarrillos siendo solo el futuro monarca. Era un imberbe adolescente de trece años cuando empezó a fumar cigarrillos en la intimidad; oficialmente y en público, su primer cigarro lo fumó cumpliendo los diecisiete años. Al parecer, Valcárcel estudiaba para ingeniero y ante la desgracia de la repentina muerte de su padre, frente a quedar familiarmente en situación de desamparo y pobreza, colgó los libros y se dedicó a esto ...hasta la salida “voluntaria” de tan regia figura.

Su trabajo, al igual que lo hiciera su padre, lo realizaba en palacio, en las dependencias de guardarropía de don Alfonso. Allí tenía habilitado un espacio en el que trabajaba junto a tres oficialas cigarreras. Acudían dos veces a la semana, cumplían una jornada de seis horas y fabricaban del orden de dos mil cigarrillos por jornada.

 

Revista Estampa - 18 de julio de 1931

 

Ante el dato, Rienzi mostró sorpresa y confesó dudas por partes iguales: ¿4.000 cigarrillos semanales se fumaba este hombre? Añadiendo a sus tres hijos varones, los números, apostillaba Valcárcel, llegaban a unos 7.500 cigarrillos al mes consumidos personalmente por aquella tropilla de cuatro. Toda la producción alcanzaba el monto de ochocientas setenta y cinco pesetas. Pero queda claro que los números efectivos, a esos datos de producción dados por Valcárcel, no cuadraban. El amparo y justificación a tan descomunal desajuste lo tenía la “cajita de plata”.

En realidad, la cajita era una caja purera de plata que llevaba siempre detrás -es de suponer que la llevaría un ayudante personal- cuando acudía a actos oficiales y públicos. Contenía cigarrillos largos, cortos, ingleses y cigarros puros. De ahí reponía constantemente en dos pitilleras que ofrecía a sus contertulios para que le acompañaran en el fumeteo. Lo malo es que había tantos palatinos, aristócratas, ministros y otras faunas fumando de “gorra”, que aquello era una pequeña gran ruina. Aquellos “galgos” fumaban de la mejor calidad sin pagar un real. Llegó un momento en el que se decidió que el tabaco elaborado para ofrecer, fuera de inferior calidad y costo.

El tabaco, la hoja y hebra que se utilizaba, llegaba directamente del ingenio tabaquero Hoyo de Monterrey, propiedad de José Gener Batet, tarraconense que emigrara a Cuba y que hizo fortuna con el tabaco. Y justo en este detalle es donde podemos encontrar la gran paradoja. La Renta del Tabaco, desde su implementación como fuente de negocio e ingresos para la corona española, fue instalando fábricas manufactureras del tabaco hasta alcanzar 13 dependencias a todo lo largo del suelo nacional. Algunas más fueron puesto que se formalizaban contratos privados en duración temporal para la fabricación de cigarrillos especiales, ejemplo de ello, la Fábrica de Tabacos de José Valor Llorca, en Alcoy.

 

Diario ABC - Alfonso XIII presidiendo el paso de palio de la cigarrera Virgen de la Victoria, en la noche del Jueves Santo de 1930

 

Y si dadas la tradición cigarrera patria, la fama de las cigarreras patrias, la calidad de las labores locales, el que todos los monarcas recibieran atenciones especiales de las cigarreras en sus visitas a las fábricas, el que Alfonso XIII hubiera sido nombrado Hermano Mayor Efectivo de la Real Hermandad de la Sagrada Columna y Azotes de Ntro. Señor Jesucristo y María Stma. de la Victoria... la famosísima Hermandad de las Cigarreras sevillanas ¿cómo era que no se proveyera personalmente de las labores y fábricas que, además, eran de su control fiscal? Inclúyase inclusive, un señalamiento puntual de ello para la fábrica y cigarreras de Madrid que las tenía a un tiro de piedra.

Pues, como en la pregunta formulada por Rienzi a Leopoldo Valcárcel, no encontraríamos respuesta salvo que volvamos la mirada hacia quien fuera su bisabuelo, Fernando VII. Al menos, como referencia. En 1830, Richard Ford, un ciudadano inglés que se consagrará después como dibujante y pintor paisajista, llegó a Sevilla buscando una mejor climatología para la quebrantada salud de su esposa y durante tres años se dedicó a recorrer nuestro país obteniendo del orden de más de quinientos bocetos. También fue tomando apuntes de cuanto acontecía a su alrededor, bien se tratara de cuestiones políticas o sociales. De este modo, posteriormente, regresado a su añorada Inglaterra, fue escribiendo diversas obras que hablaban de España y de los españoles. En 1846, con contenidos resumidos de todo lo que escribiera antes, publicó “Las cosas de España”.

 

Fernando VII - 1832  

Retrato realizado por Vicente López Portaña - Colección Banco de España


 

En lo que nos atañe, sobre el tabaco, en el último capítulo, el XXIV, escribe detalles muy interesantes:


                «En España, la dinastía Borbón (como en otras partes) es la estanquera general hereditaria y el privilegio de venta se arrienda generalmente a algún contratista; así es que la ganga de tener un buen cigarro casero es difícil de conseguir, ni por amor ni por dinero, en la Península. Más fácil le sería a Diógenes encontrar un hombre honrado en cualquiera de los ministerios. Como no hay camino real para la ciencia de hacer los cigarros, el artículo está mal elaborado, con malos materiales, y, para colmo de desdichas, se vende a precios exorbitantes».

«Con objeto de beneficiar a la isla de Cuba, está prohibido en la Península el cultivo del tabaco, que se da muy bien, sobre todo en la provincia de Málaga; pues el experimento se hizo y habiendo salido perfectamente, el cultivo fue prohibido inmediatamente».

«Fernando VII, a diferencia de su antecesor, Luís XIV, “quien –dice La Beaumelle– odiaba singularmente el tabaco, aunque era una de sus mejores fuentes de ingresos”, no sólo era un gran productor, sino también consumidor. Se permitía el real derroche de fumar unos enormes cigarros hechos expresamente en La Habana para su gracioso uso, pues era demasiado perito en la materia para fumarlos de su propia manufactura. Y aun de éstos rara vez se fumaba más de la mitad, abandonándolos allá donde le pareciera o dándolos a acabar a quien estuviera cerca».

 

También, dice Ford, que usaba el ofrecimiento de un cigarro habano tanto para agasajar como para mostrar al infeliz receptor que le era conveniente desaparecer de su vista. No pocas de estas víctimas, al llegar a sus hogares, recibían la visita del pertinente alguacil que le conminaba a salir de Madrid en el plazo de veinticuatro horas. ¡Humo!

Puestos a mostrar poderío, prepotencia y derroche, ya Fernando VII fumaba de la producción colonial y no, de la del suelo patrio. A la postre, fumaba de lo que le pertenecía. Hacia el otro lado de la línea del tiempo, Juan Carlos I, ya vivió su condición de ávido fumador de cigarros puros saliéndole el capricho poco menos que de “gentil gañote”.

 

Imagen de GTRES

 

Perdidas políticamente las antaño posesiones en la América hispana, pero necesitadas éstas de relaciones comerciales y de gratuita publicidad para sus productos de alta gama y selección, las sobresalientes tabaqueras cubanas y dominicanas, sobre todo, se dedicaban a ofrecer regaladamente sus mejores vitolas a las casas reales y a personajes políticos de cierta relevancia. La tradición no era nueva pues ya venía dada desde los tiempos del tabaco en polvo. Se consideró siempre como una fructífera inversión en “tabaco de regalía” y, en el caso de Juan Carlos I, los estupendos Cohibas, Rey de Reyes, Coronas o Majestic, los solía recibir en Navidad y el día de San Juan.

Con la monarquía campechana de Juan Carlos I, el privilegio de fumar cuando ya la cosa no estaba bien vista socialmente, se lo tomaba él solo. En más de una ocasión, no atreviéndose nadie de los presentes en contravenirle el gustazo de fumarse un cigarro puro en lugares públicos, se dio a ello pese a las ya implementadas prohibiciones anti tabaco. Solo en 2010 y tras una muy severa prescripción médica al serle detectado un nódulo en el pulmón derecho, dejó de encender cigarros puros y cigarrillos rubios americanos. La batalla que no consiguió vencer la reina Sofía, la pudo la prescripción médica.

 

Don Juan Carlos, fumando junto a Doña Sofía, años 60 - GTRES

 

Como indicaba al comenzar la crónica, ésta se centraría en anécdotas referidas a solo tres miembros de los Borbones, pero nombrada la reina Sofía por la insufrible pelea de que su esposo dejara vicios ...y que cada cual elucubre lo que bien considere, retornando al abuelo de su darling, Alfonso XIII también tuvo lo suyo con su esposa, la reina Victoria Eugenia, pero al revés ...al menos en lo de fumar.

 

Alfonso XIII junto a su esposa la princesa Victoria Eugenia de Battenberg - Getty Images

 

Ésta, inglesa y Battenberg de cuna, tenía una gran afición al tabaco, lo que desagradaba y contrariaba enormemente a su esposo, quien curiosamente era un fumador contumaz. Al parecer, este hábito en ella, ponía de los nervios a don Alfonso. Repetidas veces la reprendió por fumar en público porque, según él, no estaba bien visto que una dama española de la alta alcurnia revelara su vicio a la vista de todo el mundo. Curiosa la hipocresía que siempre se han gastado los Borbones con lo de los vicios ...sobre todo, ajenos.

Poco caso le hizo Victoria Eugenia que, como buen súbdito inglés, chocaba frontalmente con las expresiones del decimonónico costumbrismo español. Ahíta como mujer y con retadora altivez, en el momento salir de Madrid en dirección al exilio, le fue tomada una fotografía histórica. Sentada en una roca de la serranía de Galapagar, recibió la despedida de unos pocos simpatizantes monárquicos. En el breve encuentro y su charla con el pequeño grupo, templó sus posibles miedos fumándose un cigarrillo. Flema británica, que suele decirse. 

 

Diario ABC - 14 de abril de 1931

 

 Y hasta aquí, las curiosidades de las reales anécdotas de unos pocos de nuestros regios fumadores.

 

 

  (1)  Rienzi: Manuel Gómez Domingo, que también fue reportero deportivo y uno de los padres de lo que es la Vuelta Ciclista a España. Padre del periodista Rafael Gómez Redondo, que usó el mismo sobrenombre que su progenitor y que dirigió el diario deportivo AS entre 1981 y 1993.

 

 

 Fondos consultados y documentación:

 Revista Estampa, 18 de julio de 1931

“Gatherings from Spain” – “Las cosas de España”, de Richard Ford – 1846