Habiendo tratado la sufrida polémica
de la reclamación de 1731 de los cigarreros sevillanos por los “más altos”
ingresos de las elaborantas gaditanas, publicado en 2022 por la Real Academia
Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, podemos disfrutar de un
excelente trabajo realizado por Lola Pons Rodríguez, de la Universidad de
Sevilla, que versa sobre el estudio de una carta del siglo XVIII que consta en
los fondos documentales del Archivo Histórico Provincial de Sevilla, referida
como una reclamación laboral de un veterano cigarrero frente a las “nuevas”
maneras que se imponen desde la gerencia y gestión de la Real Fábrica de
Tabacos de Sevilla.
Por si alguien concluyera que el año
2022 es una fecha temprana como para haber dispuesto de este documento para las
investigaciones y proyectos que antes mencioné, la autora recoge en su trabajo
que el documento, en 1984, ya fuera motivo de investigación, publicación y
reproducción modernizada del uso de su castellano antiguo, precisamente, por
José Manuel Rodríguez Gordillo. En lo que Lola Pons centra su trabajo ...sobre
todo, es en la interpretación del contexto y de la situación temporal como
testimonio de la conflictividad laboral en el seno de la Fábrica de Sevilla.
El documento llega a nuestros días
anónimo y sin una fecha concreta que pueda situarlo perfectamente en su tiempo.
En su encabezamiento, y nombrándosele como receptor de la carta, aparece un “Remítase
al señor Barreda para que aga el usso que le parezca” que redirige la
datación a mediados del siglo XVIII ya que son dos señores Barreda los que
aparecen en otros documentos del fondo histórico de la fábrica. Ambos actuaron
como administradores precisamente en época de cambios para las modas de
consumo.
Recuerden amigos lectores que esto
mismo pasara con la elección, masiva presencia y posterior declive de las
elaborantas.
Mediado el siglo XVIII, el uso del
cigarro grande pasa a ser desestimado en favor del de tamaño mediano y pequeño.
Crece el consumo y el cigarro de calidad y de precio no es asequible para todas
las clases sociales; se aumenta la producción en extensión, se recortan
esfuerzos en el tamaño y la calidad, y la necesidad de mano de obra se
incrementa. El número de cigarreros dedicados a la manufactura del tabaco de
fuma o de humo, según la queja del anónimo y veterano empleado, en poco tiempo
ha pasado de 60 hacedores a 200. La necesidad del mercado ha triplicado el
número de trabajadores a destajo.
Y en eso radica la queja: por el
reparto de la faena que ahora se está haciendo y por los perjuicios que ello
causa a los jornales del trabajador de antiguo de la fábrica. Al darse mayor
número de hacedores, la consigna a fabricar se alcanza antes y esos días de
producción y de jornal disminuyen a tres días a la semana como mucho. Los
ingresos empiezan a flaquear, se empiezan a dar penalidades en las familias que
viven de este trabajo y hasta se llega a la mendicidad para subsistir.
También la queja alcanza a poner en
duda la equidad del proceso de reparto del trabajo, señalando la existencia de
privilegiados que tienen trabajo de continuo y, en cierto modo, la misma queja
avisa sobre la posibilidad de que el uso descarado del favoritismo que hace el
administrador acabe en agravios y padecimientos, dando a entender posibles
disturbios. Y recuerda que esta situación, que no es nueva, sí estuvo
resolviéndose por “quantos Administradores abido de quarenta a sinquenta
años a esta parte lo an arreglado”
Esta cuestión la ilustraría Rodríguez
Gordillo en el año 2005, escribiendo: «Todo hace pensar que, durante muchos
años, sólo un reducido número de estos trabajadores –por lo general, los más
cualificados o de mayor experiencia– tenía su empleo garantizado en cada
jornada; los restantes, en especial los que más alternaban en número y en días
de asistencia a la fábrica [...] eran contratados a diario en función de las
necesidades de la producción. Para ello se utilizaba el procedimiento de
“listas redondas”, es decir, aquel según el cual se iniciaba la contratación
justo por el jornalero o peón siguiente al último admitido al trabajo en la
jornada precedente»
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Personal masculino ...tabacaleros, de la Fábrica de Tabacos de Cádiz. Primeras décadas del siglo XX - Fondos documentales de la Fábrica de Tabacos de Cádiz |
En la manufactura del tabaco de fuma,
la contrata de estos trabajadores era semanal e inicialmente, el cobro también.
La producción diaria de cada cigarrero era inspeccionada y revisada ésta, se
recalculaban los adeudos en jornales y se les finiquitaba en la quincena
inmediata. Quienes se encargaban de la gestión administrativa y gerencia en las
fábricas, por contra, eran empleados asalariados en contrato fijo y remunerados
mensualmente. En la parte opuesta quedaban los cigarreros de la fabricación de
rapé ...o de polvos, que se les contrataba y pagaba por jornada diaria.
Estudiada la intencionalidad de la
queja y estudiado el contexto histórico y temporal, de aquel tiempo en el que
la persona del cigarrero fue la del primer y más presente empleado en la
industria tabaquera de Sevilla, la autora del estudio, Lola Pons, acaba
reconociendo los mismos sesgos en la inquietud reivindicativa obrera, tanto en
los trabajadores de entonces, como en los de ahora.
También en 1731 y para con las
elaborantas de Cádiz, aquellos torcedores/hacedores, aquellos cigarreros
sevillanos reclamaron ante el rey por la reducción de los salarios. Reclamaron
aquellos como hoy lo hacen los obreros y las obreras que no les alcanza la
nómina para poder llevar la digna subsistencia que debiera de reconocérseles
por el fruto de su esfuerzo y trabajo. La lucha era y es siempre contra los
gestores.
La prensa, el mito y el verbo popular
en la figura de los cigarreros.
De la existencia histórica de los
cigarreros no sólo se nutren los datos de los documentos archivados en cada
fábrica, también la hemeroteca digital de la prensa histórica es una fuente
fidedigna que recoge su existencia y sus reivindicaciones. A modo de breve
muestra, El Clamor Popular, de 06-05-1848, nos dice sobre la plantilla
masculina de la Fábrica de Sevilla que, entre 1764 y 1768, los cigarreros
fueron 1.500, que trabajaban 109 molinos en los que se empleaban 350 caballos y
que los torcedores eran solo 150. Para la fecha de la publicación, solo quedaban
170 jornaleros hombres para las faenas generales de las tres fábricas: en la de
rapé, en la de polvo y en la de cigarros. Que otros 500 eran operarios de
fabricación: 400 en los cigarros y 100 en los cigarrillos de papel, y que las
elaborantas, en 1848, ya son 4.100.
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"Cigarreras de Sevilla", obra del estadounidense Walter Gay, 1895 |
El Clamor de la patria en julio de 1878 y El Imparcial, en enero de 1879, recogen pequeños sueltos que hablan de la conflictividad con los cigarreros en la fábrica de Bilbao. Y en Alicante, y con la crónica THE TIMES de un viajero romántico inglés que nos visitó en octubre de 1875, el relato que se nos deja sobre los cigarreros es muy descriptivo. De cómo de “exóticos” le resultaron ellos también, tras pasar por los talleres de cigarreras, de ese momento de la visita nos cuenta:
“Espectáculo digno de estudio es
el que presentan las cuadras en el piso bajo, 24 hombres desnudos de cintura
arriba, con el cutis, barba y cabello empolvados, que trituran la hoja y la
limpian a través de cribas de hierro, ganando de 16 a 20 reales diarios. Como
ejemplo debe citarse el de un hombre que ha trabajado aquí 24 años y que dice
encuentra saludable su faena. Estos hombres, atendida la ruda naturaleza de la
obra, trabajan pocas horas”.
La traducción es del diario El
Constitucional, publicada por entregas los días 2, 3 y 4 de diciembre de
1875.
En cuanto al mito, si a las
cigarreras les cayó el de mujeres raciales, guapas y altaneras de mucho genio,
a los cigarreros les tocó el de folloneros, levantiscos y gente perdida.
Cigarrero llegó a acuñarse como adjetivo para todos los individuos que se unían
a alzamientos y broncas contra todo estamento gubernamental. Facinerosos y
maleantes de raro pelaje, así como de oficio de contrabandista del Campo de
Gibraltar, también fueron apelativos empleados durante el siglo XIX como
sinónimos al uso (1).
En cierto modo no les quedaba tan mal
el calificativo porque en las décadas de los 70 y 80 de ese siglo, los
cigarreros de Portugal, Francia, Holanda, Alemania, Estados Unidos de Norte
América y de Cuba, siguiendo criterios reivindicativos de la 1ª Internacional,
reclamaron muy enérgicamente mejoras laborales y salariales. Movilizaciones y
huelgas estaban a la orden del día.
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Entrada de fardos de tabaco en los almacenes de la Fábrica de Tabacos de Cádiz. Primeras décadas del siglo XX - Fondos documentales de la Fábrica de Tabacos de Cádiz |
De entre esa acción del enrollado del
cigarro y la del sujeto follonero y puñetero, el mundo científico tuvo a bien
el darle nombre de cigarrero a un insecto parasitario de los viñedos. El
Cigarrero de la vid es un pequeño escarabajo que se alimenta de las yemas y
de los brotes tiernos de la vid. Su hembra pliega las hojas en forma de cigarro
para depositar sus huevos en ese arrollado (2). Su periodo más activo es en
primavera, estación en la que ya se sabe: “...la sangre altera”
Y continuando en el aportar
anecdotario sobre el mito del cigarrero follonero y ¡por qué no!, también
racial y con casta, en la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas
del siglo siguiente, la prensa especializada en la tauromaquia y los ganaderos,
usaban “cigarrero” para indicar características morfológicas de la res: bravía
y de pelaje espeso con color negro intenso y una presencia imponente. Muchos
fueron los hierros que dieron ese nombre... “Cigarrero”, a los toros
seleccionados para la lidia. Algunos toreros y picadores, también diéranse por
apodarse artísticamente así (3).
No pudiendo ser de otro modo, la
prensa política y sus plumillas acabaron contagiados por ese uso e hicieron
moda en sus redacciones de comparar las actitudes y los discursos de nuestros
próceres con las faenas taurinas y los placeres del buen fumar. La chanza y la
pulla taurinas eran continuas en las broncas parlamentarias. Y la moda ¡duró!
Como gentilicio, cigarrero es el nacido en
Puebla del Río, municipio de Sevilla. La propia Sevilla... “la perla de
Andalucía”, como ciudad dio tal nombre a una calle y a un espacio: Calle
Cigarrero y Huerto de El Cigarrero. Y hasta en el mundo artístico alcanzó fama
y relumbre como pieza música vocal en los espectáculos y recitales de canción
española y de zarzuela, una composición bautizada como “El cigarrero” (4).
Tomando ya una corta carrerilla para
cerrar esta crónica, no estaría de más el recordar que el uso coloquial y
popular de “cigarrero” para tiempos posteriores a los del operario
dedicado a la fabricación de cigarros, acabó siendo para designar a quien
vendía cigarrillos. A su vez, con la extendida costumbre de nombrar a las
fábricas como “las tabacaleras” locales, “tabacalero” fue calando socialmente
como el genérico para el oficio de los hombres en la Tabacalera.
Y al propietario de los ingenios tabaqueros ...las fábricas, o de las plantaciones de tabaco, se le reservó el uso de “tabaquero” y en algunos casos, para con los que hicieron fortuna con la planta “Nicotiana tabacum” en las tierras del Sur y de Centroamérica y el Caribe, siendo nombrados como “cigarreros”, se indicaba su condición de indianos adinerados.
Nos llamaran cigarreros, hacedores o
tabacaleros, la cuestión es que estar presentes en la historia de la industria
manufacturera del tabaco, lo estuvimos ...y lo estamos y que, también nuestras
reivindicaciones obreras y sociales, las afrontamos con igual racialidad y
fuerza que las mitificadas cigarreras.
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Manifestaciones en Logroño por el cierre de su fábrica en 2016 - Prensa Agencia EFE |
Fuentes
consultadas y documentación:
- “Ni gornal ni salario” Presentación y estudio de una queja laboral andaluza del siglo XVIII, por Lola Pons Rodríguez, 2022 – Universidad de Sevilla
- Hemeroteca Virtual de la Prensa Histórica
- Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España
- Ramón Cifuentes: del blog "Coleccionista de vitolas de puros" de Juan Alberto Berni González
- (1) Fray Gerundio, Boletín de noticias – El Comercio, ambos de fecha 24-05-1842; El Católico (Madrid), de 06-10-1843 …y otros
- (2) Gaceta Agrícola del Ministerio de Fomento, 07-09-1879
- (3) La Época, 05-04-1849; El Globo, 25-10-1875 …y otros
- (4) Diario Oficial de Avisos de Madrid, 10-04-1830; El Orden, 16-03-1852; El Gobierno, 03-06-1865 …y otros


















