lunes, 16 de febrero de 2026

0-46 Reales anécdotas de regios fumadores

 

            En realidad, pese al uso de la forma plural en el encabezamiento, en esto de las curiosidades de nuestros fumadores regios, no van a ser tantos los retratados. Ya saben... aquello de que no estarán todos los que son, y no serán todos los que están. En general se trataría de los Borbones del suelo patrio y en concreto, Fernando VII, Alfonso XIII y Juan Carlos I.

            Localizando documentación para los contenidos de las dos anteriores crónicas referidas a la figura del “cigarrero”, la revista Estampa de fecha 18 de julio de 1931 me lo puso tan fácil como dicen los viejos que se las ponían... las bolas, a Fernando VII. No me sean malpensados que según los cronistas se trataba de las bolas del billar, juego al que sus acólitos y come babas, se dejaban ganar descaradamente por el monarca.

            Durante un tiempo, a Estampa le dio por hacer pseudo periodismo de investigación y no fueron pocos los reportajes en los que sus redactores y redactoras se infiltraban entre mendigos, delincuentes y otras gentes de dudosa catadura, para tomar protagonistas apuntes desde lo más próximo al problema social que trataban. También abordaron cuestiones mucho más alegres y lúdicas como la vida tras las bambalinas de las chicas del conjunto de baile, las “girls”, que todo teatro de varietés que se preciara, tenía en nómina. Muchos años después, en el soporte televisivo, hagan memoria, sería Samatha Villar la que recuperaría la idea en aquel su programa “21 días sin...” comer, viviendo como una indigente, fumando porros, etc.

 

Revista Estampa - 18 de julio de 1931

 

            La cuestión es que, a la dirección de Estampa, con el exilio de Alfonso XIII tras los resultados de las elecciones municipales del 12 de abril de ese año 1931, le dio por confrontar un antes y un después en cuestiones relacionadas con la monarquía ya desterrada. Se entrevistaban ciudadanos, se ilustraban situaciones y en no pocas ocasiones, el/la reportero/a acaba haciendo una pregunta algo comprometedora. En nuestra curiosidad tabaquera, la pregunta se planteó en las conclusiones del cierre del reportaje: 

 

—«Debería usted ofrecer una de las cajas que le quedan al primer presidente de la República ¿No le parece?

Leopoldo Valcárcel no contesta.»

 

Pasando ya de la presentación velada que lógicamente pretende atrapar en la curiosidad, el reportero Rienzi (1), entrevistó para Estampa al joven madrileño Leopoldo Valcárcel que como oficio tenía, y por ello era popularmente conocido, ser el cigarrero de don Alfonso, el monarca ahora exiliado según sus próximos, o desterrado según sus opositores.

Como puede observarse en la fotografía e interviú que le realizaron, Valcárcel mostraba aires de dandy, vestía impecable, acudía regularmente a los estrenos de espectáculos y bailes de tronío y conducía un espectacular y llamativo automóvil modelo torpedo de color verde. Por lo visto, lo de hacerle los cigarrillos a don Alfonso, redundaba liquidez.

Según sus propias palabras, el oficio y la ocupación las había heredado de su propio padre que fue quien le preparó sus primeros cigarrillos siendo solo el futuro monarca. Era un imberbe adolescente de trece años cuando empezó a fumar cigarrillos en la intimidad; oficialmente y en público, su primer cigarro lo fumó cumpliendo los diecisiete años. Al parecer, Valcárcel estudiaba para ingeniero y ante la desgracia de la repentina muerte de su padre, frente a quedar familiarmente en situación de desamparo y pobreza, colgó los libros y se dedicó a esto ...hasta la salida “voluntaria” de tan regia figura.

Su trabajo, al igual que lo hiciera su padre, lo realizaba en palacio, en las dependencias de guardarropía de don Alfonso. Allí tenía habilitado un espacio en el que trabajaba junto a tres oficialas cigarreras. Acudían dos veces a la semana, cumplían una jornada de seis horas y fabricaban del orden de dos mil cigarrillos por jornada.

 

Revista Estampa - 18 de julio de 1931

 

Ante el dato, Rienzi mostró sorpresa y confesó dudas por partes iguales: ¿4.000 cigarrillos semanales se fumaba este hombre? Añadiendo a sus tres hijos varones, los números, apostillaba Valcárcel, llegaban a unos 7.500 cigarrillos al mes consumidos personalmente por aquella tropilla de cuatro. Toda la producción alcanzaba el monto de ochocientas setenta y cinco pesetas. Pero queda claro que los números efectivos, a esos datos de producción dados por Valcárcel, no cuadraban. El amparo y justificación a tan descomunal desajuste lo tenía la “cajita de plata”.

En realidad, la cajita era una caja purera de plata que llevaba siempre detrás -es de suponer que la llevaría un ayudante personal- cuando acudía a actos oficiales y públicos. Contenía cigarrillos largos, cortos, ingleses y cigarros puros. De ahí reponía constantemente en dos pitilleras que ofrecía a sus contertulios para que le acompañaran en el fumeteo. Lo malo es que había tantos palatinos, aristócratas, ministros y otras faunas fumando de “gorra”, que aquello era una pequeña gran ruina. Aquellos “galgos” fumaban de la mejor calidad sin pagar un real. Llegó un momento en el que se decidió que el tabaco elaborado para ofrecer, fuera de inferior calidad y costo.

El tabaco, la hoja y hebra que se utilizaba, llegaba directamente del ingenio tabaquero Hoyo de Monterrey, propiedad de José Gener Batet, tarraconense que emigrara a Cuba y que hizo fortuna con el tabaco. Y justo en este detalle es donde podemos encontrar la gran paradoja. La Renta del Tabaco, desde su implementación como fuente de negocio e ingresos para la corona española, fue instalando fábricas manufactureras del tabaco hasta alcanzar 13 dependencias a todo lo largo del suelo nacional. Algunas más fueron puesto que se formalizaban contratos privados en duración temporal para la fabricación de cigarrillos especiales, ejemplo de ello, la Fábrica de Tabacos de José Valor Llorca, en Alcoy.

 

Diario ABC - Alfonso XIII presidiendo el paso de palio de la cigarrera Virgen de la Victoria, en la noche del Jueves Santo de 1930

 

Y si dadas la tradición cigarrera patria, la fama de las cigarreras patrias, la calidad de las labores locales, el que todos los monarcas recibieran atenciones especiales de las cigarreras en sus visitas a las fábricas, el que Alfonso XIII hubiera sido nombrado Hermano Mayor Efectivo de la Real Hermandad de la Sagrada Columna y Azotes de Ntro. Señor Jesucristo y María Stma. de la Victoria... la famosísima Hermandad de las Cigarreras sevillanas ¿cómo era que no se proveyera personalmente de las labores y fábricas que, además, eran de su control fiscal? Inclúyase inclusive, un señalamiento puntual de ello para la fábrica y cigarreras de Madrid que las tenía a un tiro de piedra.

Pues, como en la pregunta formulada por Rienzi a Leopoldo Valcárcel, no encontraríamos respuesta salvo que volvamos la mirada hacia quien fuera su bisabuelo, Fernando VII. Al menos, como referencia. En 1830, Richard Ford, un ciudadano inglés que se consagrará después como dibujante y pintor paisajista, llegó a Sevilla buscando una mejor climatología para la quebrantada salud de su esposa y durante tres años se dedicó a recorrer nuestro país obteniendo del orden de más de quinientos bocetos. También fue tomando apuntes de cuanto acontecía a su alrededor, bien se tratara de cuestiones políticas o sociales. De este modo, posteriormente, regresado a su añorada Inglaterra, fue escribiendo diversas obras que hablaban de España y de los españoles. En 1846, con contenidos resumidos de todo lo que escribiera antes, publicó “Las cosas de España”.

 

Fernando VII - 1832  

Retrato realizado por Vicente López Portaña - Colección Banco de España


 

En lo que nos atañe, sobre el tabaco, en el último capítulo, el XXIV, escribe detalles muy interesantes:


                «En España, la dinastía Borbón (como en otras partes) es la estanquera general hereditaria y el privilegio de venta se arrienda generalmente a algún contratista; así es que la ganga de tener un buen cigarro casero es difícil de conseguir, ni por amor ni por dinero, en la Península. Más fácil le sería a Diógenes encontrar un hombre honrado en cualquiera de los ministerios. Como no hay camino real para la ciencia de hacer los cigarros, el artículo está mal elaborado, con malos materiales, y, para colmo de desdichas, se vende a precios exorbitantes».

«Con objeto de beneficiar a la isla de Cuba, está prohibido en la Península el cultivo del tabaco, que se da muy bien, sobre todo en la provincia de Málaga; pues el experimento se hizo y habiendo salido perfectamente, el cultivo fue prohibido inmediatamente».

«Fernando VII, a diferencia de su antecesor, Luís XIV, “quien –dice La Beaumelle– odiaba singularmente el tabaco, aunque era una de sus mejores fuentes de ingresos”, no sólo era un gran productor, sino también consumidor. Se permitía el real derroche de fumar unos enormes cigarros hechos expresamente en La Habana para su gracioso uso, pues era demasiado perito en la materia para fumarlos de su propia manufactura. Y aun de éstos rara vez se fumaba más de la mitad, abandonándolos allá donde le pareciera o dándolos a acabar a quien estuviera cerca».

 

También, dice Ford, que usaba el ofrecimiento de un cigarro habano tanto para agasajar como para mostrar al infeliz receptor que le era conveniente desaparecer de su vista. No pocas de estas víctimas, al llegar a sus hogares, recibían la visita del pertinente alguacil que le conminaba a salir de Madrid en el plazo de veinticuatro horas. ¡Humo!

Puestos a mostrar poderío, prepotencia y derroche, ya Fernando VII fumaba de la producción colonial y no, de la del suelo patrio. A la postre, fumaba de lo que le pertenecía. Hacia el otro lado de la línea del tiempo, Juan Carlos I, ya vivió su condición de ávido fumador de cigarros puros saliéndole el capricho poco menos que de “gentil gañote”.

 

Imagen de GTRES

 

Perdidas políticamente las antaño posesiones en la América hispana, pero necesitadas éstas de relaciones comerciales y de gratuita publicidad para sus productos de alta gama y selección, las sobresalientes tabaqueras cubanas y dominicanas, sobre todo, se dedicaban a ofrecer regaladamente sus mejores vitolas a las casas reales y a personajes políticos de cierta relevancia. La tradición no era nueva pues ya venía dada desde los tiempos del tabaco en polvo. Se consideró siempre como una fructífera inversión en “tabaco de regalía” y, en el caso de Juan Carlos I, los estupendos Cohibas, Rey de Reyes, Coronas o Majestic, los solía recibir en Navidad y el día de San Juan.

Con la monarquía campechana de Juan Carlos I, el privilegio de fumar cuando ya la cosa no estaba bien vista socialmente, se lo tomaba él solo. En más de una ocasión, no atreviéndose nadie de los presentes en contravenirle el gustazo de fumarse un cigarro puro en lugares públicos, se dio a ello pese a las ya implementadas prohibiciones anti tabaco. Solo en 2010 y tras una muy severa prescripción médica al serle detectado un nódulo en el pulmón derecho, dejó de encender cigarros puros y cigarrillos rubios americanos. La batalla que no consiguió vencer la reina Sofía, la pudo la prescripción médica.

 

Don Juan Carlos, fumando junto a Doña Sofía, años 60 - GTRES

 

Como indicaba al comenzar la crónica, ésta se centraría en anécdotas referidas a solo tres miembros de los Borbones, pero nombrada la reina Sofía por la insufrible pelea de que su esposo dejara vicios ...y que cada cual elucubre lo que bien considere, retornando al abuelo de su darling, Alfonso XIII también tuvo lo suyo con su esposa, la reina Victoria Eugenia, pero al revés ...al menos en lo de fumar.

 

Alfonso XIII junto a su esposa la princesa Victoria Eugenia de Battenberg - Getty Images

 

Ésta, inglesa y Battenberg de cuna, tenía una gran afición al tabaco, lo que desagradaba y contrariaba enormemente a su esposo, quien curiosamente era un fumador contumaz. Al parecer, este hábito en ella, ponía de los nervios a don Alfonso. Repetidas veces la reprendió por fumar en público porque, según él, no estaba bien visto que una dama española de la alta alcurnia revelara su vicio a la vista de todo el mundo. Curiosa la hipocresía que siempre se han gastado los Borbones con lo de los vicios ...sobre todo, ajenos.

Poco caso le hizo Victoria Eugenia que, como buen súbdito inglés, chocaba frontalmente con las expresiones del decimonónico costumbrismo español. Ahíta como mujer y con retadora altivez, en el momento salir de Madrid en dirección al exilio, le fue tomada una fotografía histórica. Sentada en una roca de la serranía de Galapagar, recibió la despedida de unos pocos simpatizantes monárquicos. En el breve encuentro y su charla con el pequeño grupo, templó sus posibles miedos fumándose un cigarrillo. Flema británica, que suele decirse. 

 

Diario ABC - 14 de abril de 1931

 

 Y hasta aquí, las curiosidades de las reales anécdotas de unos pocos de nuestros regios fumadores.

 

 

  (1)  Rienzi: Manuel Gómez Domingo, que también fue reportero deportivo y uno de los padres de lo que es la Vuelta Ciclista a España. Padre del periodista Rafael Gómez Redondo, que usó el mismo sobrenombre que su progenitor y que dirigió el diario deportivo AS entre 1981 y 1993.

 

 

 Fondos consultados y documentación:

 Revista Estampa, 18 de julio de 1931

“Gatherings from Spain” – “Las cosas de España”, de Richard Ford – 1846 

 

 

 

viernes, 30 de enero de 2026

0-45 Cigarreros, tabacaleros y tabaqueros (2 de 2)

 

Habiendo tratado la sufrida polémica de la reclamación de 1731 de los cigarreros sevillanos por los “más altos” ingresos de las elaborantas gaditanas, publicado en 2022 por la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, podemos disfrutar de un excelente trabajo realizado por Lola Pons Rodríguez, de la Universidad de Sevilla, que versa sobre el estudio de una carta del siglo XVIII que consta en los fondos documentales del Archivo Histórico Provincial de Sevilla, referida como una reclamación laboral de un veterano cigarrero frente a las “nuevas” maneras que se imponen desde la gerencia y gestión de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla.

Por si alguien concluyera que el año 2022 es una fecha temprana como para haber dispuesto de este documento para las investigaciones y proyectos que antes mencioné, la autora recoge en su trabajo que el documento, en 1984, ya fuera motivo de investigación, publicación y reproducción modernizada del uso de su castellano antiguo, precisamente, por José Manuel Rodríguez Gordillo. En lo que Lola Pons centra su trabajo ...sobre todo, es en la interpretación del contexto y de la situación temporal como testimonio de la conflictividad laboral en el seno de la Fábrica de Sevilla.

El documento llega a nuestros días anónimo y sin una fecha concreta que pueda situarlo perfectamente en su tiempo. En su encabezamiento, y nombrándosele como receptor de la carta, aparece un “Remítase al señor Barreda para que aga el usso que le parezca” que redirige la datación a mediados del siglo XVIII ya que son dos señores Barreda los que aparecen en otros documentos del fondo histórico de la fábrica. Ambos actuaron como administradores precisamente en época de cambios para las modas de consumo.

Recuerden amigos lectores que esto mismo pasara con la elección, masiva presencia y posterior declive de las elaborantas.




Mediado el siglo XVIII, el uso del cigarro grande pasa a ser desestimado en favor del de tamaño mediano y pequeño. Crece el consumo y el cigarro de calidad y de precio no es asequible para todas las clases sociales; se aumenta la producción en extensión, se recortan esfuerzos en el tamaño y la calidad, y la necesidad de mano de obra se incrementa. El número de cigarreros dedicados a la manufactura del tabaco de fuma o de humo, según la queja del anónimo y veterano empleado, en poco tiempo ha pasado de 60 hacedores a 200. La necesidad del mercado ha triplicado el número de trabajadores a destajo.

Y en eso radica la queja: por el reparto de la faena que ahora se está haciendo y por los perjuicios que ello causa a los jornales del trabajador de antiguo de la fábrica. Al darse mayor número de hacedores, la consigna a fabricar se alcanza antes y esos días de producción y de jornal disminuyen a tres días a la semana como mucho. Los ingresos empiezan a flaquear, se empiezan a dar penalidades en las familias que viven de este trabajo y hasta se llega a la mendicidad para subsistir.

También la queja alcanza a poner en duda la equidad del proceso de reparto del trabajo, señalando la existencia de privilegiados que tienen trabajo de continuo y, en cierto modo, la misma queja avisa sobre la posibilidad de que el uso descarado del favoritismo que hace el administrador acabe en agravios y padecimientos, dando a entender posibles disturbios. Y recuerda que esta situación, que no es nueva, sí estuvo resolviéndose por “quantos Administradores abido de quarenta a sinquenta años a esta parte lo an arreglado”

Esta cuestión la ilustraría Rodríguez Gordillo en el año 2005, escribiendo: «Todo hace pensar que, durante muchos años, sólo un reducido número de estos trabajadores –por lo general, los más cualificados o de mayor experiencia– tenía su empleo garantizado en cada jornada; los restantes, en especial los que más alternaban en número y en días de asistencia a la fábrica [...] eran contratados a diario en función de las necesidades de la producción. Para ello se utilizaba el procedimiento de “listas redondas”, es decir, aquel según el cual se iniciaba la contratación justo por el jornalero o peón siguiente al último admitido al trabajo en la jornada precedente»



Personal masculino ...tabacaleros, de la Fábrica de Tabacos de Cádiz. Primeras décadas del siglo XX - Fondos documentales de la Fábrica de Tabacos de Cádiz


En la manufactura del tabaco de fuma, la contrata de estos trabajadores era semanal e inicialmente, el cobro también. La producción diaria de cada cigarrero era inspeccionada y revisada ésta, se recalculaban los adeudos en jornales y se les finiquitaba en la quincena inmediata. Quienes se encargaban de la gestión administrativa y gerencia en las fábricas, por contra, eran empleados asalariados en contrato fijo y remunerados mensualmente. En la parte opuesta quedaban los cigarreros de la fabricación de rapé ...o de polvos, que se les contrataba y pagaba por jornada diaria.

Estudiada la intencionalidad de la queja y estudiado el contexto histórico y temporal, de aquel tiempo en el que la persona del cigarrero fue la del primer y más presente empleado en la industria tabaquera de Sevilla, la autora del estudio, Lola Pons, acaba reconociendo los mismos sesgos en la inquietud reivindicativa obrera, tanto en los trabajadores de entonces, como en los de ahora.

También en 1731 y para con las elaborantas de Cádiz, aquellos torcedores/hacedores, aquellos cigarreros sevillanos reclamaron ante el rey por la reducción de los salarios. Reclamaron aquellos como hoy lo hacen los obreros y las obreras que no les alcanza la nómina para poder llevar la digna subsistencia que debiera de reconocérseles por el fruto de su esfuerzo y trabajo. La lucha era y es siempre contra los gestores. 

 


Encierro y resistencia frente a sanciones y despidos llevados a término en la Fábrica de Tabacos de Cádiz, año 1988. Tras las medidas de presión, que duraron lo suyo y que fueron duras, todo fue revocado por la magistratura y la "paz social" retornó a la normalidad. Fotografía realizada por Joaquín Hernández Kiki (@kikifotógrafo) 



La prensa, el mito y el verbo popular en la figura de los cigarreros.


De la existencia histórica de los cigarreros no sólo se nutren los datos de los documentos archivados en cada fábrica, también la hemeroteca digital de la prensa histórica es una fuente fidedigna que recoge su existencia y sus reivindicaciones. A modo de breve muestra, El Clamor Popular, de 06-05-1848, nos dice sobre la plantilla masculina de la Fábrica de Sevilla que, entre 1764 y 1768, los cigarreros fueron 1.500, que trabajaban 109 molinos en los que se empleaban 350 caballos y que los torcedores eran solo 150. Para la fecha de la publicación, solo quedaban 170 jornaleros hombres para las faenas generales de las tres fábricas: en la de rapé, en la de polvo y en la de cigarros. Que otros 500 eran operarios de fabricación: 400 en los cigarros y 100 en los cigarrillos de papel, y que las elaborantas, en 1848, ya son 4.100.



"Cigarreras de Sevilla", obra del estadounidense Walter Gay, 1895


El Clamor de la patria en julio de 1878 y El Imparcial, en enero de 1879, recogen pequeños sueltos que hablan de la conflictividad con los cigarreros en la fábrica de Bilbao.  Y en Alicante, y con la crónica THE TIMES de un viajero romántico inglés que nos visitó en octubre de 1875, el relato que se nos deja sobre los cigarreros es muy descriptivo. De cómo de “exóticos” le resultaron ellos también, tras pasar por los talleres de cigarreras, de ese momento de la visita nos cuenta:

Espectáculo digno de estudio es el que presentan las cuadras en el piso bajo, 24 hombres desnudos de cintura arriba, con el cutis, barba y cabello empolvados, que trituran la hoja y la limpian a través de cribas de hierro, ganando de 16 a 20 reales diarios. Como ejemplo debe citarse el de un hombre que ha trabajado aquí 24 años y que dice encuentra saludable su faena. Estos hombres, atendida la ruda naturaleza de la obra, trabajan pocas horas”.

La traducción es del diario El Constitucional, publicada por entregas los días 2, 3 y 4 de diciembre de 1875.

En cuanto al mito, si a las cigarreras les cayó el de mujeres raciales, guapas y altaneras de mucho genio, a los cigarreros les tocó el de folloneros, levantiscos y gente perdida. Cigarrero llegó a acuñarse como adjetivo para todos los individuos que se unían a alzamientos y broncas contra todo estamento gubernamental. Facinerosos y maleantes de raro pelaje, así como de oficio de contrabandista del Campo de Gibraltar, también fueron apelativos empleados durante el siglo XIX como sinónimos al uso (1).

En cierto modo no les quedaba tan mal el calificativo porque en las décadas de los 70 y 80 de ese siglo, los cigarreros de Portugal, Francia, Holanda, Alemania, Estados Unidos de Norte América y de Cuba, siguiendo criterios reivindicativos de la 1ª Internacional, reclamaron muy enérgicamente mejoras laborales y salariales. Movilizaciones y huelgas estaban a la orden del día.




Entrada de fardos de tabaco en los almacenes de la Fábrica de Tabacos de Cádiz. Primeras décadas del siglo XX - Fondos documentales de la Fábrica de Tabacos de Cádiz


De entre esa acción del enrollado del cigarro y la del sujeto follonero y puñetero, el mundo científico tuvo a bien el darle nombre de cigarrero a un insecto parasitario de los viñedos. El Cigarrero de la vid es un pequeño escarabajo que se alimenta de las yemas y de los brotes tiernos de la vid. Su hembra pliega las hojas en forma de cigarro para depositar sus huevos en ese arrollado (2). Su periodo más activo es en primavera, estación en la que ya se sabe: “...la sangre altera”

Y continuando en el aportar anecdotario sobre el mito del cigarrero follonero y ¡por qué no!, también racial y con casta, en la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo siguiente, la prensa especializada en la tauromaquia y los ganaderos, usaban “cigarrero” para indicar características morfológicas de la res: bravía y de pelaje espeso con color negro intenso y una presencia imponente. Muchos fueron los hierros que dieron ese nombre... “Cigarrero”, a los toros seleccionados para la lidia. Algunos toreros y picadores, también diéranse por apodarse artísticamente así (3).

No pudiendo ser de otro modo, la prensa política y sus plumillas acabaron contagiados por ese uso e hicieron moda en sus redacciones de comparar las actitudes y los discursos de nuestros próceres con las faenas taurinas y los placeres del buen fumar. La chanza y la pulla taurinas eran continuas en las broncas parlamentarias. Y la moda ¡duró!         

 Como gentilicio, cigarrero es el nacido en Puebla del Río, municipio de Sevilla. La propia Sevilla... “la perla de Andalucía”, como ciudad dio tal nombre a una calle y a un espacio: Calle Cigarrero y Huerto de El Cigarrero. Y hasta en el mundo artístico alcanzó fama y relumbre como pieza música vocal en los espectáculos y recitales de canción española y de zarzuela, una composición bautizada como “El cigarrero” (4).

Tomando ya una corta carrerilla para cerrar esta crónica, no estaría de más el recordar que el uso coloquial y popular de “cigarrero” para tiempos posteriores a los del operario dedicado a la fabricación de cigarros, acabó siendo para designar a quien vendía cigarrillos. A su vez, con la extendida costumbre de nombrar a las fábricas como “las tabacaleras” locales, “tabacalero” fue calando socialmente como el genérico para el oficio de los hombres en la Tabacalera.



El asturiano Ramón Cifuentes Llanos que, en su condición de emigrante a Cuba, tuvo la suerte de adquirir el ingenio tabaquero de la Fábrica de Tabacos de Partagás y partiendo de ella, construirse todo un emporio bajo la afamada marca PARTAGÁS - Del blog "Coleccionista de vitolas de puros", por Juan Alberto Berni González


Y al propietario de los ingenios tabaqueros ...las fábricas, o de las plantaciones de tabaco, se le reservó el uso de “tabaquero” y en algunos casos, para con los que hicieron fortuna con la planta “Nicotiana tabacum” en las tierras del Sur y de Centroamérica y el Caribe, siendo nombrados como “cigarreros”, se indicaba su condición de indianos adinerados.


Nos llamaran cigarreros, hacedores o tabacaleros, la cuestión es que estar presentes en la historia de la industria manufacturera del tabaco, lo estuvimos ...y lo estamos y que, también nuestras reivindicaciones obreras y sociales, las afrontamos con igual racialidad y fuerza que las mitificadas cigarreras.



Manifestaciones en Logroño por el cierre de su fábrica en 2016 - Prensa Agencia EFE 




Fuentes consultadas y documentación:

  • “Ni gornal ni salario” Presentación y estudio de una queja laboral andaluza del siglo XVIII, por Lola Pons Rodríguez, 2022 – Universidad de Sevilla
  • Hemeroteca Virtual de la Prensa Histórica
  • Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España
  • Ramón Cifuentes: del blog "Coleccionista de vitolas de puros" de Juan Alberto Berni González
    • (1) Fray Gerundio, Boletín de noticias – El Comercio, ambos de fecha 24-05-1842; El Católico (Madrid), de 06-10-1843 …y otros
    • (2) Gaceta Agrícola del Ministerio de Fomento, 07-09-1879
    • (3)  La Época, 05-04-1849; El Globo, 25-10-1875 …y otros
    • (4) Diario Oficial de Avisos de Madrid, 10-04-1830; El Orden, 16-03-1852; El Gobierno, 03-06-1865 …y otros 

 


0-44 Cigarreros, tabacaleros y tabaqueros (1 de 2)

 

¡Ea!, ya parece que tocaba y qué menos que se les merecieran también a ellos unas pocas líneas ¿no? Pues, tras ese primer modismo coloquial, pongámonos a ello, pero, no arrancando con una simple definición, sino partiendo -...las líneas- de la controversia que más se gusta de usar y de manir en los trabajos que sobre la condición de mujer trabajadora de la cigarrera pretende ser tema estelar y protagonista.

Para ello, en su mayoría, acaban acudiendo a la tan sufrida y dicharachera Wikipedia, que siempre nos dará una respuesta para todo, aunque pueda que ésta no esté fielmente amparada con fuentes o con textos de investigación. Señalados el foco y el origen, de la condición de “Cigarrera”, en la internauta enciclopedia se nos dice:

“Una cigarrera (o un cigarrero) es una persona que hace cigarrillos o cigarros. La cigarrera es la trabajadora principal en una fábrica de tabacos. Con este nombre también se conoce un mueblecito o a una caja en que se guardan y se tienen a la vista los cigarros puros

Y sobre lo que aporta en el apartado de la “Historia de las cigarreras de España”, nos añade y deja recogido:

“Hasta finales del siglo XIX, existían en España distintas fábricas de tabacos en las ciudades de Sevilla, Cádiz, Alicante y más tarde, Madrid y otras. La primera que funcionó fue la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, fundada como empresa privada en 1620 y administrada directamente por la hacienda pública desde 1684. Al principio los trabajadores eran hombres y mujeres. A los hombres se les llamaba cigarreros y a las mujeres, elaborantes.

En el año 1731, los cigarreros de Sevilla mandaron una queja al rey, un memorial en que se decía que no estaban de acuerdo con su sueldo, que era bastante menor que el sueldo recibido por las elaborantes (mujeres cigarreras) de Cádiz, siendo ellos hombres y con muchas más obligaciones que las mujeres. Recibieron una contestación en que se decía que se les pagaba exactamente igual por mazo de cigarros, pero que las elaborantes de Cádiz «son más cuidadosas, trabajan con más pulcritud y menos desperdicios y su labor cunde más. Así obtienen más dinero por el mismo tiempo de trabajo».

El trabajo de las mujeres cigarreras fue muy apreciado y solicitado. Ellas mismas conseguían que la ampliación de personal fuese siempre de mujeres. Cuando más tarde aparece la elaboración del cigarrillo, las cigarreras son profesionales tan diestras que tan sólo ellas serán capaces de preparar esta modalidad. Se hacen indispensables en las fábricas y crean una imagen especial de la mujer cigarrera”.

 


Real Fábrica de Cigarros de Sevilla a finales del siglo XIX. En la fotografía de este patio quedan recogidas las tres divisiones del personal laboral: las cigarreras están asomadas a una balconada del piso superior, los empleados administrativos quedan a la izquierda de la fuente y el personal obrero masculino, los cigarreros, a la derecha.  Imagen del Archivo Histórico Provincial de Sevilla


Sobre la definición de lo que es y lo que hace una cigarrera o un cigarrero, no creo que haya dudas que se tengan que despejar: son los empleados en la fabricación de los productos de la industria tabaquera, ya lo fuera antaño y de forma manual, o en los actuales procesos industrializados. Para anécdota aparte queda el que para los hombres, para los cigarreros, con el uso popular de señalar a la Real Renta del Tabaco como “la tabacalera” ...nombre que se institucionalizó en el año 1945 al renombrarse empresarialmente como TABACALERA S.A., se hizo mucho más habitual el que se les llamara “tabacaleros”.

Punto controvertido en cambio es el de la superioridad en la presencia de las unas y de los otros en las fábricas. Si se devuelve la lectura hacia los contenidos señalados de la Wikipedia se puede comprobar que el asunto lo litigian sin complejo alguno escribiendo... «Al principio los trabajadores eran hombres y mujeres». “Dixit Manet”, dicho queda y todos más largos que anchos se quedan. Tanto así los que lo escribieron, como los que después lo copian sin análisis alguno.

La realidad de la porcentualidad de esa presencia se regiría siempre por dos aspectos fundamentales para los intereses de la industria tabaquera: el de adaptar sus labores a las modas sociales imperantes en el consumo y ...cómo no, el de obtener el máximo del rendimiento económico en los beneficios. Lo primero ha de entenderse como el que en cada época el tabaco se consumió de formas muy diferentes, adecuándose los procesos de fabricación a tal efecto. 



Esquema de las "entrañas" de la máquina diabólica que vino a desbancar el protagonismo de las cigarreras: la máquina cigarrillera Bonsack. Patentada por el americano James Albert Bonsack en 1881, su introducción en la industria del tabaco provocó toda una revolución en las capacidades de producción: sobre unos 150.000 cigarrillos diarios, que eran el equivalente al trabajo manual de 48 personas. 


     En el origen del consumo social del tabaco en Europa, éste no lo fue predominantemente como de “humo”, o como de “fuma”. Conocido el uso ritual indígena que se hacía de aspirar por la boca un humo que después se exhalaba por la nariz, en Europa, el “fumador” llegaba a estar mal considerado por el uso de hábitos considerados como de casi brujería. Podía ser excomulgado, perseguido y hasta acabar mutilado de su nariz.

Tampoco sería el tabaco de masticar el que se diera masivamente en estos lares y sí, por contra, el tabaco esnifado en polvo. El rapé, desde la primera industria del tabaco en el siglo XVI, tuvo gran demanda en su consumo. Paradójicamente a los momentos actuales en que se le persigue sanitariamente y se le penaliza fiscalmente, en el tabaco y en aquel inicio se pretendieron encontrar incontables usos medicinales y curativos: como antiséptico y cicatrizante, como analgésico para el dolor de muelas y oído, se prescribía para aliviar el asma y corregir el mal aliento, combatía desmayos, mareos y dolores de cabeza y también se le pretendieron cualidades vigorizantes y estimulantes.

Con esas creencias terapéuticas tan en boga, una vez extendido y arraigado el consumo del tabaco, los grandes intereses económicos y comerciales de la industria tabaquera se aseguraban una muy larga vida productiva. Las primeras tabaqueras son privadas y minoritariamente manufacturan el tabaco bajo licencias gubernativas y el preceptivo pago de aranceles. De ellas no hay datos concretos que ayuden a saber extensamente de sus procesos y de sus trabajadores. Se las sobrentiende en los usos y técnicas de la época. 

En la primera fábrica española formal ...que incluso también lo fuera europea, la de Sevilla, por todas las operaciones que conllevaba el procesamiento de la hoja del tabaco hasta alcanzar el que fuera el mejor y de más sutil calidad rapé de Europa, en los trabajos de azotea/avellanado, monte/molienda, moja, oreo y repaso se necesitaba del uso de la fuerza y de la ayuda de caballerizas: por eso, en origen, la presencia más protagonista y mayoritaria es la del cigarrero. De haber mujeres trabajando entonces, serían las menos.



Fragmento de la primera imagen, cigarreros en el patio de la fábrica de Sevilla. Por contra al mito de las cigarreras chulapas y raciales, aquí los cigarreros, de poco donaire y belleza eran poseedores. Principalmente, los trabajos de fuerza eran su ocupación.

Serán las necesidades del mercado las que transcurrido casi siglo y medio después, promoverán el cambio de la situación laboral en la industria tabaquera. Los usos y modales sociales provenientes del Caribe se aceptan y se extienden en Europa y el consumo del tabaco de fuma desborda la capacidad productiva de “la tabacalera” patria. Cádiz será la segunda fábrica que la Real Renta del Tabaco construya en 1741 para satisfacer esa demanda, ahora inclinada hacia el cigarro y algo más tarde, hacia el cigarrillo. Sería con esta fábrica con la que las mujeres ganaron presencia y protagonismo. Alicante, en 1801, será la tercera fábrica en ser puesta en marcha. En nuestro caso, nuestras cigarreras eran llamadas “fabricantas”.

Y así entran en escena y con muchísima fuerza y presencia las mujeres elaborantes/elaborantas. La mano de obra necesitada se multiplica exponencialmente y en la población femenina se encuentra una fuerza laboral muy numerosa y disponible, mucho más barata en costes laborales y presumiblemente, más dúctil y maleable. Como ya he reseñado en ocasiones anteriores, en las dos primeras premisas acertaron los gestores de la industria del tabaco, pero, en la tercera, erraron de pleno.

Llevamos mediado el siglo XVIII, se está entrando en el XIX y con él llega la preferencia y proliferación de la presencia de la mujer cigarrera: se nos da la necesidad de cubrir una mayor demanda social en el consumo, tenemos una inmensa masa obrera a la que podemos pagar menores salarios y sus manos y maneras son más sensibles y diestras en el manejo de la hoja del tabaco... y he dicho hoja, porque la Renta del Tabaco observa que manipulan mejor la materia prima y se aprovecha mejor la cantidad entregada con relación a mayor número de cigarros o cigarrillos obtenidos ¡Blanco y en botella! ...abramos las puertas de las fábricas a las elaborantas y especialicemos a los cigarreros sólo en las tareas de fuerza. En la fábrica de Sevilla, por contra, la mayor presencia masculina se daría hasta 1812. A partir de 1829, la Renta del Tabaco, rutinariamente se decantará por la mujer como su principal operario.



Torcedores, o hacedores de cigarros en La Habana. Se muestra un taller mayoritariamente ocupado por hombres con la presencia protagonista del lector de tabaquería, operario elegido por el conjunto que se dedicaba a amenizarles la jornada leyendo la prensa o publicaciones de narrativa y poesía. Se trataba de entretener y de instruir fomentando la cultura.  GettyImages.


Avanzamos tras tocar el asunto de la proporcionalidad de la presencia y entonces, nuestros investigadores/investigadoras, llegan al segundo párrafo de la consulta internauta sobre el concepto “cigarrera” y... ¡voilá!, dándose por enterados de la reclamación que en 1731 elevaron al rey los cigarreros de Sevilla mostrando su disconformidad por la minoración de sus sueldos en comparación a los recibidos por las elaborantas de Cádiz, dan por descubierta la pólvora y lanzados de cabeza, otra vez más largos que anchos, todos y todas resuelven haber encontrado la primera de las confrontaciones internas en la lucha feminista de las cigarreras, destacándolas desde ya ...y así, como activistas avanzadas a su tiempo.

Solo unos pocos ...y sobre todo porque se les rompería el exclusivo discurso defendido, dan un paso más y llegan a los trabajos de investigación del que fuera considerado un gran especialista en esto de la historia del tabaco. José Manuel Rodríguez Gordillo, fue profesor universitario de Historia Moderna y director del archivo histórico de la Fábrica de Tabacos de Sevilla y él ...y otros, sobre esta cuestión de la reclamación de 1731, convienen que de lo aquellos hombres protestaban era de verse empobrecidos en sus jornales al ser equiparados a los de las elaborantas puesto que, añadido a la bajada de jornal, las horas que pudieran dedicarle a la producción de cigarros era menor ya que ellos también se ocupaban de otros muchos trabajos y preparativos. Eso sin hablar de sus rudas manos y de sus poco donosas maneras en la elaboración, lo que hacía menguar su producción.



Tabacaleros de Cádiz a principios del siglo XX. Tareas manuales del taller de picado de hoja: están descompactando los manutillos -manojos atados- de la hoja procedente de los secaderos de origen. Fondos documentales de la Fábrica de Tabacos de Cádiz.  


La incorporación de la mujer a la fabricación de tabaco de fuma supuso el que se minoraran todos los jornales hasta quedar rebajados a los de ellas. La Renta, muy astuta y ladina, alcanzaba mayores producciones con menos costes salariales. Había más operarias, sí, pero su coste salarial compensaba a la baja. No invertían ni un real en las herramientas personales puesto que se las debían de agenciar ellas. De sus jornales salieron las aportaciones a las Hermandades de Socorro impuestas desde 1817 por la Renta, y de la formación de las siguientes cigarreras se encargaban ellas mismas con la sola recompensa de que se priorizara el ingreso de sus hijas. Y hablando de la formación, las aprendizas detraían 1/3 de sus propios jornales para compensar a las cigarreras expertas, o a las maestras, que las supervisaban. Así pues, la Renta, en cuestiones salariales, el beneficio se lo llevaba bastante “muerto”.    

Algunos años más tarde, en 1807, analizando lo contenido en el “Expediente sobre la mejora de la labor de cigarros en Sevilla” redactado por el superintendente de la Renta, José Espinosa, atendiendo al pensamiento social de la época, decía este hombre que responder a porqué los jornales de los hombres eran superiores, era sencillo: de ellos, de su condición de cabeza de familia, depende toda una prole que incluye además a sus ascendientes y a otros parientes cercanos. Que de ellos, inclusive, depende el aumento de la población puesto que las mujeres, sabiendo que al casarse serán despedidas, aspiran más a mantenerse solteras... tal vez con una vida inmoral y hasta relajada. El salario femenino es más bajo porque se entiende como complemento para los ingresos de una casa o suficiente para el mantenimiento personal de la trabajadora.



Operarios ya "mecanizados" al servicio de una máquina cigarrillera UNIVERSAL, máquina evolucionada desde la patente original de Bonsack. Fábrica de Tabacos de Sevilla - Archivo Histórico Provincial de Sevilla - Probablemente, primeras décadas del siglo XX.


 Y a una segunda pregunta sobre por qué desestimar el que hombres y mujeres compartan espacios de trabajo, la respuesta se dirimía con cuestiones de controles de acceso y de salida, los rigurosos registros íntimos para ellas que necesariamente habrían de realizar porteras y no porteros, y a los posibles desórdenes inseparables a la reunión de sexos que hasta podrían derivar en la disoluta moralidad antes señalada.

        Pese a estos análisis y a la posibilidad añadida de que las cerca de 800 familias sevillanas que entonces recibían jornales de la Real Fábrica de Sevilla pudieran acabar en la miseria y que arrastraran consigo al comercio y a la economía de la ciudad, llegados a 1812, la Renta del Tabaco inclinó la balanza a favor de la mujer cigarrera y su presencia en las fábricas se multiplicó exponencialmente. En Alicante, en 1844 eran 3.000, en 1874 aumentó la cifra hasta 4.500 y el techo máximo se alcanzó en 1882 con 6.200 operarias. La evolución en otras dependencias fue bastante similar.

            Y su enemigo más letal no acabó siendo el cigarrero, fue la mecanización. Con la irrupción de los procesos industriales altamente mecanizados y cada vez más capaces de aumentar la ratio de producción por hora de trabajo, la presencia de la cigarrera fue minorando con pasmosa velocidad.

    En resumen, la tan traída y llevada pugna entre hombres y mujeres como fuerza laboral dentro de la industria del tabaco, fue impuesta por las modas del consumo y por la rentabilidad que los gestores de la misma esperaban obtener. Querer ver más, en mi opinión, sólo son ganas de polemizar.

 



En el año 2004 ya se estaban introduciendo máquinas liadoras/cigarrilleras que producían hasta 10 millones de cigarrillos por jornada de ocho horas. Hay que señalar que en muchas de las fábricas que disponen de estas máquinas -a día de hoy pudiendo ser consideradas como tecnológicamente ya superadas- trabajan a tres turnos: mañana, tarde y noche. 
 Imagen de Hauni Körber Solutions


 

Fuentes consultadas y documentación:

  • Wikipedia: a la voz de “cigarrera”
  • Hemeroteca Virtual de la Prensa Histórica
  • Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España
  • ALMA MATER HISPALENSE – Blog de Alfonso Pozo Ruíz, Universidad de Sevilla
  • Archivo Histórico Provincial de Sevilla