domingo, 12 de abril de 2026

0-49 Inmundas cigarreras

 

 Siempre tan ansiadas, siempre tan denostadas

 

    Para la crónica que a continuación escribo, la cronología de los acontecimientos va a darse a la inversa. Partiendo de una premisa y haciendo uso de la prensa histórica, hoy, el argumentario irá desarrollándose de más actual a más antiguo.

    Desde hace años, algo que en el análisis de la Historia se viene dando con mucha frecuencia, es el evaluarlo todo con la visión del presente. A este fenómeno se le conoce por “presentismo”: la proyección de los valores y de los juicios morales del presente en el pasado. Afortunadamente no todos utilizan esta percepción partidista cuando pasan a describir los hechos históricos, muchos se mantienen en la objetividad y procuran abstenerse de utilizar un lenguaje que emita juicios. Pese a esta bienintencionada teoría, en la práctica no siempre podremos mantenernos al margen.

    Otra cuestión añadida y no es la primera ocasión en la que lo planteo ...que no discuto, que en algunas publicaciones y declaraciones oportunistas varias, de éstas de andar por casa y de ir auto colocándose medallas, los mitos hasta ahora creados alrededor de la figura de las cigarreras, no ofrecen una visión histórica del todo fidedigna.

    Un ejemplo de ello sería el que las cigarreras aparecieran como mano de obra en la industria del tabaco porque se necesitaran unas manos más hábiles y más gráciles que las de los hombres para fabricar cigarros manualmente según la moda que llegara a Europa en el siglo XVIII desde las islas caribeñas. A poco que se investigue y que se lea en fuentes documentadas y en la hemeroteca de la prensa histórica, la conclusión queda como muy dudosa. 

 

La cigarrera - Tipos populares del Madrid de finales del siglo XIX

     Los gestores del control de la Renta del Tabaco, valedores de las cuentas financieras de la Corona, que no de las de los gobiernos o del Estado, sacándose un conejo blanco de la chistera de la prestidigitación, vendieron el enorme favor que se les hacía a todas esas mujeres que se acercaban a las reales fábricas a ganarse un jornal, como una dádiva cristiana en su favor. Decían, henchidos de sí mismos y de su fervor cristiano, que lo hacían para que pudieran salir de la miseria social y económica en las que ese populacho vivía.

    El abuso fue mucho y bajo la dadivosa protección de la beneficencia o caridad, bien que le sacaban las producciones a cambio de jornales de destajo, de retribución menor a los jornales establecidos para los operarios hombres y con jornadas de hasta 14 horas diarias... aun siendo, en muchos casos, niñas adolescentes.  Desde la propia Renta del Tabaco ya se referían a las elaborantas, pitilleras, cigarreras o fabricantas ...que así es como se las conocía en el Alicante dieciochesco, como pobres desgraciadas o infelices mujeres. La prensa llegaba a enseñorearse aún más, añadiéndolas a “esa otra gente del mal vivir”.   

    El aspecto graciable en esto de darles un trabajo era que, gracias a la extensa cantidad de mujeres que fueron cigarreras en las fábricas de tabacos nacionales, las ciudades y las comarcas aledañas que las aportaban como mano de obra, se veían favorecidas con un sector de su población que esquivaba la miseria con nuevas y mejores posibilidades. Estas mujeres ya no se daban a la mendicidad y la limosna. Se apartaban de la prostitución como medio de subsistencia ...salida muy probable sobre todo en las ciudades con puerto, y así, además, y volviendo a lo del manido principio cristiano, eran menos dadas a una vida inmoral, promiscua y pecadora, en general.

    Bajo estos preceptos ...que les aseguro no son míos, que son resumen de las muchas horas de búsquedas y lectura de lo que se escribiera en aquellas fechas, llevando de nuevo al centro de la crónica la importancia de las saneadas economías en las que se veían significadas las ciudades que poseían una de esas reales fábricas, no fueron pocos los prohombres políticos o notables que desde sus gobiernos locales y en ciudad española que bien se preciara, que elevaron propuestas al gobierno central para que se les construyera una fábrica de tabacos que empleara a sus mujeres.

 

Salida de las cigarreras de la Fábrica de Tabacos de Sevilla - Gonzalo Bilbao, 1905

     A poco que, además, un político local se hubiera colocado en un cargo importante del gobierno, la petición, respaldada por la corporación municipal de turno y hasta con proyectos ya avalados con propiedades inmuebles disponibles, con cálculos y planos firmados por arquitectos y hasta con previsiones financieras de costes y de beneficios, se llevaba a la preceptiva sesión parlamentaria en Cortes. Y como el portador hubiera sido designado ministro o cargo significativo, la cosa llevaba explícita una ardorosa defensa desde las tribunas del Hemiciclo; no en vano, y con toda seguridad, el compromiso se habría adquirido porque había sido una llamativa promesa electoral en la campaña previa.

    En la misma iniciativa petitoria al Gobierno siempre anduvieron comprometidas en el empeño varias ciudades a la vez, todas intentando arrimarse la ascua a su sardina y todas expuestas a los constantes vaivenes políticos del siglo XIX ...que no fueron pocos. Los políticos, sus idearios y los gobiernos resultantes, entre alzamientos de los espadones y una monarquía corrupta y maleable según conviniera, duraban muy poco en los cargos y en el tiempo. Pero como era lo que había y que teníamos como monótono devenir político y social, por pedirse no se perdía nada.

    Entre 1892 y 1895, la prensa nos ofrecerá noticias de estas peticiones por parte de Granada, Pontevedra, Málaga y Valencia. De Granada poco quedó escrito. De Málaga, que ésta y otras anteriores habían sido sus posibilidades ya que Cánovas del Castillo ya hubiérales autorizado una primera Fábrica de Tabacos para Málaga que quedó ubicada en el Palacio de la Aduana entre 1829 y 1839. A Valencia le pasaba lo mismo, ya contaba con una primera fábrica y en estas fechas pugnaba por una nueva construcción más grande y mejor dotada.

    Pontevedra me la reservaba para el final porque no deja de ser una singular rareza la insistencia y la perseverancia de su petición con más de veinte años de lucha, con terrenos asignados, con proyectos arquitectónicos firmados y con presupuestos que junto a la petición quedaban al sencillo trámite de una firma final que nunca llegaba por las cuestiones políticas antes mencionadas. Viajes y más viajes a Madrid que no conseguían traerse ratificado el anhelado proyecto. 

 

Gonzalo Bilbao, 1915 - Variación sobre el mismo trabajo anterior, la colorista y tumultuosa salida del trabajo de las cigarreras sevillanas 

     Por si no fuera suficiente ya con la convulsa e inestable pugna política, Lugo y Vigo le salieron como competidores en la proximidad. Málaga consiguió adelantarle en preferencias, pero sería Valencia la que se llevara el gato al agua dado que se desenvolvía muy bien en la aceptación de toda innovación que la Renta del Tabaco y su subcontratado relevo, la Compañía Arrendataria del Tabaco, les ponía delante. La maquinización en Valencia tuvo las puertas abiertas como sacrificio para afianzar el futuro de sus cigarreras, ¡se trataba de supervivencia pura y dura! Pontevedra se quedó soltera y compuesta a los mismísimos píes del altar.

    Para cerrar este periodo de tiempo y por ganarle algún simpático momento protagonista a Pontevedra, posiblemente por un gazapo de los redactores de la noticia, en el diario La Correspondencia y otros, se dieron a notificar unos disturbios laborales ocurridos en la Fábrica de Tabacos de Pontevedra. El diario La Época, con fecha 30 de marzo de 1885, se regodeaba de todos ellos señalando que para que la noticia fuera cierta, lo primero que hacía falta es que en Pontevedra hubiera instalada una fábrica de tabacos. Simpática a la vez que algo cruel quedó la anécdota y jactanciosa, como siempre lo fueron, las puyas que se dedicaron entre sí los diarios y los periodistas.

    Continuando en el orden cronológico inverso, la crónica nos lleva hacia la década de los años 50 y 60, periodo en el que los contendientes por una fábrica de tabacos fueron Almería, Córdoba y Valladolid. Lo de Almería acabó siendo un caso premonitorio para lo que le ocurrió a Pontevedra. Tuvo sus apoyos, tuvo su espacio ...sus terrenos, tuvo a los arquitectos y a los funcionarios de la Renta haciendo mediciones y trabajo de campo, y al final... se quedó sin marido casadero. De poco le sirvieron los ofrecimientos y las facilidades dispuestos por la corporación municipal y el gobernador civil. 

 

Archivos de la Comunidad de Madrid

     El caballo ganador, sin ser ni competidor anunciado ...ni esperado, fue Madrid. El día 5 de diciembre de 1864, las campanas de la parroquia de San Lorenzo con nervioso y excitado rebato llamaban a la alarma por el incendio detectado en la Fábrica de Tabacos de Madrid. El siniestro fue terrible y el impacto económico y laboral decantó toda decisión sobre aperturas de nuevos centros fabriles, en la recuperación del centro madrileño.

    Con esto, argumentado queda lo importante que suponía alcanzar la alta gracia de que una ciudad y su provincia fueran dotadas de una de las factorías de las rentas estancadas, en este caso de la Renta del Tabaco. En casi todos los proyectos y en casi todas las propuestas de nueva constitución, por el privilegio de sus ubicaciones urbanas y accesibilidad, siempre estaba presente la opción y oportunidad de acondicionarse su instalación a una propiedad religiosa, casi siempre conventos en desuso o con un muy inminente futuro a ser ex convento.

    De nuevo gran paradoja cristiana la del uso de un establecimiento consagrado para que las pobres desgraciadas, infelices mujeres oesa otra gente del mal vivir” como eran las cigarreras, recibieran la caridad de dárseles la oportunidad de una mejor vida para sí y para sus familias. Paradoja, porque ni siquiera por la riqueza que se generaba en el entorno social, el realizar su trabajo en esos entornos las libraba de las maneras maledicentes y casi ofensivas de todos: gerentes tabaqueros, periodistas y la propia sociedad.

    Si los adjetivos usuales antes referenciados ya me eran malsonantes, aunque haya que recordar que no podemos enjuiciarlos con nuestros actuales valores  ...el respeto hacia ellas como personas, como mujeres, como trabajadoras, como mantenedoras de hogares y de familias, vuelve a estar cuestionado al tropezarme con una reseña del diario El Corresponsal, de Madrid y de fecha 20 de diciembre de 1842, en la que lo del precepto cristiano del respeto hacia tus semejantes, no solo desaparece por completo, sino que alcanza cotas vergonzantes por la humillación que unas desproporcionadas argumentaciones y palabras infligen a estas mujeres: las cigarreras de Gijón. 

 

Cigarreras de Gijón a principios del siglo XX - Taller de desvenado.  Imagen de Julián Peinado, Museo del Pueblo de Asturias 

     Gijón y su ciudadanía dispusieron de un primer intento de fábrica de tabacos en el año 1822. Su vida útil fue cortísima, apenas 40 días. Quince años más tarde, instalada ya en una propiedad privada, en el Palacio de los Valdés ...y en arriendo, en el correr de ese año 1842 las cigarreras gijonesas sumaban las mil cien trabajadoras distribuidas en sus salas. Además de conseguir establecer una factoría, el objetivo y esfuerzo en todas esas corporaciones municipales se ponía también en aumentar el número de cigarreras que trabajaran en ella. En todas ellas la demanda de crecimiento de la plantilla se hacía constantemente, sobre todo, por dos razones: la primera, porque se aseguraba la consigna de producción y con ella... el futuro, y la segunda, porque a más cigarreras, más y mejor crecía la economía doméstica de esas ciudades. También el futuro de las ciudades dependía de esas fábricas.

    Para las ya establecidas, abrir nuevas fábricas suponía el azorado temor de una competencia mayor y de un reparto de la producción nacional que implicaría una merma considerable a todo lo proyectado para ese futuro tan dependiente del nivel de consumo de los fumadores. Anunciándose en 1893 la concesión para Pontevedra, la prensa alicantina, recogería ese azorado temor publicando una preocupante reseña. 

 


     En Gijón, desde 1838, añadiéndose las condiciones que reunía el inmueble que venía acogiendo la producción de cigarros y los insalubres ambientes en los que trabajaban hacinadas las cigarreras, la corporación municipal insistía en un cambio hacia un inmueble mejor y más espacioso ...más higiénico si cabe y que permitiera ampliar la plantilla superando las dos mil trabajadoras. De las opciones barajadas, tras cada análisis ...por ubicación, por medios e infraestructuras, por inversión y amortización, por espacio y condiciones, etc., la solución más viable, acertada o no, pasaba por ocupar para esta actividad fabril el convento de las Madres Agustinas. 

    En este establecimiento religioso creían poseer las condiciones y no iba a ser la primera ocasión que la Renta del Tabaco pusiera sus ojos en estos bienes inmuebles. Siempre concedió contraprestaciones económicas o inmuebles y en este caso, el convento lo habitaban escasas dieciocho monjas, ya sexagenarias casi todas, para las que no había relevo y que podían trasladarse a otra parroquia sin mucho quebranto.

    Las razones que esgrimían los ediles en favor de este intercambio se argumentaban arrancando desde la creación de la tabacalera gijonense recordando que: 

«...habiéndose ofrecido ocupación a la clase pobre del pueblo, se arrancó del vicio y de la mendicidad a una porción de familias que antes vivían exclusivamente de la caridad pública, favoreciendo además a las clases acomodadas porque aumentaban los medios de subsistencia haciendo lo propio con los consumos de toda especie, »...la ampliación abriría trabajo a centenares de miserables que ansían ganar su sustento y el de sus familias, »...sería un local más amplio, más desahogado y con buena ventilación en sus talleres, trayendo una notable mejoría de las condiciones de trabajo de estas cigarreras y que contribuiría a erradicar la ignorante y extendida idea de que Gijón sufriera de las terribles epidemias de fiebres por culpa de las miasmas que se respiran en  la Fábrica de Cigarros».

 

Tal vez la imagen de más impacto en la crónica de hoy. Cigarreras ancianas de la Fábrica de Tabacos de Sevilla a principios del siglo XX. Aquellas mujeres que un día lucieron jóvenes y vivarachas llamando la populosa atención a su salida del trabajo, a esa avanzada edad todavía acudían a los talleres de faenas auxiliares para ganarse un mínimo jornal y no acabar en la indigencia. Política y sociedad de otros tiempos.
 

    Con todo, pese a la siempre ansiada apertura y permanencia de una fábrica de tabacos, pese a la ansiada y siempre bien recibida mejora económica y mercantil de las ciudades, en el Gijón de 1842, en esa reseña de El Corresponsal de Madrid, siendo nefasto artífice su corresponsal desde Gijón, anónimo éste, sin firma pero posicionándose abiertamente en contra, amparándose sobre todo en la fe cristiana y criticando la posibilidad de que el convento de las Madres Agustinas fuese destinado a manufacturar labores tabaqueras, en medio de efluvios sulfurosos y señalamientos de incompetencia para con el gobierno, descargando mucha de su mala baba sobre las cigarreras, escribía sentenciando tras haberse concluido el novenario de la Purísima Concepción en la iglesia de ese convento de monjas Agustinas: 

 

“Nunca antes se ha visto mayor orden y compostura y jamás tanta aflicción reflejada en los semblantes de los concurrentes por la amarga consideración de no tardar muchos días en ver convertido aquel lugar santo en talleres de INMUNDAS CIGARRERAS

“He visto caer las lágrimas a algunos hombres de quienes ciertamente no esperaba tanta ternura y sentimiento”.

 

    Pobre industria del tabaco y pobres cigarreras, siempre tan ansiadas y deseadas, y como siempre tan denostada la primera y tan ultrajadas, las segundas. Con, o sin presentismo.

 

 

Fuentes documentales consultadas:

  • “Liadoras, cigarreras y pitilleras – La Fábrica de Tabacos de Gijón (1837-2002)”,

            por Luís Arias González y Ángel Mato Díaz

 

    Prensa Histórica por ciudades mencionadas:

  • La Razón Española 24-02-1864, Valladolid
  • El País 20-02-1893, Pontevedra
  • La Atalaya 20-03-1893, Pontevedra
  • Diario de Burgos y La Publicidad 21-03-1893, Pontevedra
  • El Día y El Estandarte 14-04-1894, Granada
  • La Unión Católica 26-04-1894, Málaga, San Sebastián, Logroño y Pontevedra
  • El Siglo Futuro 27-04-1894, Málaga, San Sebastián, Logroño y Pontevedra
  • El Orden 28-04-1894, San Sebastián, Logroño y Pontevedra